Nadie imagina que un sancocho en las afueras de La Victoria resultara tan agradable, una ciudadela de corte criollo con la humildad de una calle del hambre, no importa lo barato o lo caro que cueste igual que los restaurantes del centro de la ciudad. La entrada, más cualquiera de los refrescos o los jugos naturales, no incluye el postre para los comensales, pero si se agrega el cafecito negro o el guayoyo, se pone al alcance de cualquier ciudadano que al menos los domingos decida dar un tratamiento tradicional a su apetito. Los creadores de ese singular espacio son vecinos de la localidad del sector La Quebrada sin cursos de cocineros y sin apellidos de chef prestigiosos, quienes invadieron los espacios a la orilla de la carretera La Victoria-San Mateo.
Allí no sólo se puede consumir un cruzado, también la sopa de pollo o un hervido soculento de res, sino disfrutar de la elocuencias de los vendedores y vendedoras con una sonrisa fresca a flor del rostro. Bajo ese clima agradable, cualquier persona puede dar un recorrido por los sitios históricos totalmente en forma gratuita.
En lo que a sopa se refiere los propietarios se remiten a las modestas especialidades que llevan verduras surtidas como yuca, ñame, ocumo, auyama, papa y platano verde o mazorca de maíz, un verdura muy apeticible como el mapuey ha desaparecido misteriosamente y es sustituido por el ocumo chino; el cruzado requiere otro espacio por que incrementa el costo para los negocios que compiten en igualdad de condiciones en el lugar. El hervido es hecho con leña recogida en la región aledaña, mientras que las verduras, compradas con anticipación en el mercado campesino, vienen a ser los principales ingredientes atendiendo a la frescura de las mismas.
Aunque cada región del país tiene su toque especial en este caso ha recibido un mestizaje de las personas que han venido de otros estados del país para oponer ese toque especial tanto en la forma de aliñar como en la obtención del sabor. Así, en algunos casos el cilantro, la yerbabuena y el apio españa se hacen sentir fuertemente para darle una característica especial al plato, en otros cambia el asunto con la sumatoria de pimentón, colorantes y la mezcla de ajo con cubitos de distintas marcas.
No hace falta tener un mapa vial para llegar al sitio, el aire fresco de los valles de Aragua nos lleva por la infraestructura de asfalto para dar ese encuentro extraordinario donde podemos degustar un plato sano y maravilloso. Si desea participar en el rito de la preparación del hervido o la sopa puede llegar temprano y hablar con los moradores del lugar para que se enteren de las leyendas y tradiciones por igual.
Este rincón no es original del estado, aflora en muchos paisajes venezolanos y con ellos siempre hay una buena concinera o un cocinero. Por razones de desempleo muchos invirtieron su dinero en una construcción de madera al aire libre con techo de zinc y le agregaron un aparato de sonido para deleite de los clientes.
