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  • PASEO POR LA CIUDAD DE LOS ESPEJISMOS

    En su camino por el campo de la literatura, Leonardo Pereira Meléndez, hace una estación temporal en el ensayo, siendo este género literario un poco complicado por el dominio informativo que se debe tener. Desde que el escritor siente necesidad de expresar su punto de vista sobre alguna situación en especial, el ensayo forma parte de esa herramienta.

    Su actividad en esta materia se mantiene fiel a un ejercicio cotidiano que se ampara de manera práctica en las publicaciones periódicas, la prensa y las revistas literarias son parte de esta misa. Este joven escritor no duda en momento alguno de dar su juicio crítico sobre los objetos de conocimiento, él se mantiene fiel a las andanzas de Luis Beltrán Guerrero, Guillermo Morón y Juandemaro Querales. Sobre la visión del ensayo, el último de los nombrados nos manifiesta.

    “El ensayo visto como aventura fascinante del pensamiento, es en el mayor de los casos cultivo de muy febriles talentos, los cuales validos de un piso tan firme en el campo de la vastedad del conocimiento, se atreven a indagar y a sentar criterios que enriquecen los lenguajes sistematizados en leyes atinentes a toda ciencia”.1

    En esta visión de Querales podemos encasillar a Leonardo Pereira Meléndez, el que pasa su existencia hablando con el reflejo del Diablo de Carora Hermes Chávez, la de la ciudad escandilante y la cual parece levantar hilachas de fuegos del piso como si se tratara de una urbe visitada por Marco Polo, que se magnifica con las semblanzas del “Merlín” de Barrio Aparte, inventariando los mitos, hasta hacerlos
    perpetuarse en nuestra memoria. Desde esta óptica arranca su itinerario para indagar sobre el uso formal del lenguaje; apoderado de su material investigativo para desmembrar textos y darle una perspectiva personal.

    “Suele hacerle una distinción entre las tareas del crítico y de las del historiador literario, y en esas ocasiones la distinción se traza entre investigación del pasado e investigación del presente, como entre, por una parte, la investigación objetiva de una obra dada, de su lugar en la trama social, y de su influencia en la vida social -en el caso del historiador literario- y por la otra, la valorización de una obra dada desde el punto de vista de sus méritos y defectos formales o sociales – en el caso del crítico”2

    El compromiso de algunos de sus temas, los cuales se remiten sobre premisas de aparatos conceptuales, no rayan en elogios complacientes. Leonardo Pereira Meléndez genera un discurso sin pasiones ideológicas. Esto frecuentemente forma parte del fomento de la tradición literaria, donde los comportamientos reflexivos tienen mucho que ver con el empleo social del conocimiento, en esto se suma el fomento explicativo de las situaciones dialécticas vertidas en las obras literarias. La práctica del ensayo requiere constancia y dedicación, en esto no se duerme Pereira Meléndez.

    Hay que aclarar su inclinación hacia la investigación sobre la poesía actual, tiene como medio de significación el proceso de la textualidad, donde la tematización es vinculada al ejercicio ideológico crítico como pauta global. Su juicio personal sobre el acto poético se pone en evidencia cuando nos da una visión circunstancial con un criterio de valoración:

    “Cuando se escribe un poema, se amamanta la luna, y la acción sobrenatural del espíritu, transpira en cada palabra que brota de los poros del alma”3

    Lo cierto es que Leonardo Pereira Meléndez se acerca al perfil del escritor integral, ese el cual se emparenta con Fernando Soto Aparicio, Jorge Luis Borges y el mismo Ramón Querales en el caso nuestro de la literatura venezolana.

    La cosmovisión de este escritor trata de detallar la lengua vigente del decir poético, sin importarle la altura del creador literario; no siendo una tarea tan simple, pues podemos ver la alta variedad de poetas diseminados por toda la geografía latinoamericana y el cambio que se aprecia en las distintas tendencias y modas en el campo de las letras.

    Los planteamientos puestos en el tapete, con economía estructural y sin sombras formalistas, serán muy importante en su labor reflexiva de visionario del ensayo, a través de una dimensión lógica agradable al oficio de la lectura. Con esto tratamos de decir que Leonardo Pereira Meléndez milita en una elaboración fática del ensayo como una verdadera obra crítica.

  • VENEZUELA ES MI LUGAR

    Gerardo Valentín, estrenó su producción discográfica que se encuentra enmarcada en el género de música venezolana con su estilo personal y respaldado con esa intensidad característica de su timbre vocal, el proyecto de esta creación es un canto a la experiencia existencial de nuestro tiempos. En esta incursión ganador de los premios nos presenta temas de las manos de Carlos Meza, Ronald Salazar, Parmenio Guzmán, Consuelo Velásquez, Italo Pizzolante y dos piezas adaptadas como “La boheme” de Charles Aznovour y el poema de Andrés Eloy Blanco “Angelitos negros”; a estos títulos debemos agregar el promocional “La diosa del amor”, “Que te traes en tus manos”, “El error de tu vida”, “Soberbiamente”, “Venezuela es mi lugar”, “Sabes bien”, “Bésame mucho” y “Motivos”, composiciones bien logradas en materia discográfica de quien se ha convertido en embajador musical de nuestra nación en Europa, además durante el 2010 fue reconocido su talento con los premios Tamanaco de oro (Renglón Popularidad) y yosoyvenezolano.com 2010 en España.
    Venezuela es mi lugar fue grabado en la ciudad de Caracas, corriendo bajo la producción general de Gerardo Valentín y la producción ejecutiva de Alicia Tarre y Abstracto Producciones para Mango Estudios. El aporte musical tuvo bajo la responsabilidad de Carlos Meza, Geber Fernández, Ronald Salazar y Víctor Castillo; por su parte el material fotográfico fue aportado por Sylvain Amand.
    El título del cd fue escogido por el equipo de trabajo que lo acompañó para resaltar lo nuestro, adicionalmente podemos manifestar que Gerardo Valentín se mantiene en constante con el público amante de este género a través de los medios radiofónicos, audio visuales y las redes sociales en especial en su página web www.gerardovalentin.com.
    Venezuela es mi lugar tiende a establecer un puente entre este cantante guariqueño y el público mediante esta entrega de calidad por intermedio del canto. “La diosa del amor” es el tema promocional seleccionado por él que sirve de presentación a su producción y se caracteriza por producir emociones a granel y reflejar la belleza de una mujer muy especial en particular.
    Gerardo Valentín está radicado en Francia y cumple una agenda de presentaciones muy abultada, por eso, abre el puente cultural entre Venezuela y Europa donde pone muy en alto la música excelente que se hace en nuestro país.

  • LA LLORA Y ZUATA

    Cuando se inicia el mes de noviembre el municipio "José Félix Ribas" celebra el Baile de La Llora, pero de manera muy especial en la población de Zuata con sus coloridas indumentarias, escenografía y el repertorio de la fantasía celebrada a los difuntos, se entiende porqué es un sitio interesante y lleno de historia, notable aporte de la cultura popular.

    El baile en esta localidad es el que une esa riqueza y entusiasmo popular, procedente de los autóctono de Aragua, en la que es considerada una de las manifestaciones más importantes del país, en la que participa toda la comunidad durante el montaje de la obra.

    Una de sus particularidades y que la distingue de la presentación en La Victoria, es que se realiza con la participación del vecindario y alguna que otra escuela de danza o colegios del sector para dar la muestra de La chispa, San Juan y Magdalena, Oso melao, La vaca, La sambainina, El aguacerito de Dios y El palito a palo.

    La cita se realiza en la plaza de Zuata, donde la alegría, la música, los visitantes, la expectativa desbordada como los invitados especiales, están a la hora fijada para disfrutar del espectáculo.

    Con anterioridad en los medios de comunicación se hace un trabajo publicitario, que es respaldado con afiches, perifoneo con camionetas equipadas con parlantes los cuales sirven de voceros ambulantes, donde se intercalan los fragmentos de la música con otros ritmos para animar al público,. Durante los preparativos, los dirigentes culturales acompañan a los organizadores de la ceremonia. aportando apoyo monetario, mientras las autoridades competentes orquestan un operativo especial para garantizar la seguridad de los eguidores de esta festibidad anual.

    Todos los que forman parte de esta actividad, se dedican a amenizar el espectáculo y no abandonan el escenario hasta que se decreta el final de la función. Quienes deciden tener mayor comodidad y visibilidad de cada parte de la suite bailable, prefieren llegar temprando para estar en la primera fila, que como cosa curiosa no se hace en un espacio cerrado o teatro sino al aire libre.

    El créditode este factuoso baile se observa en la fase final, en donde la pieza alcanza el máximo esplendor. Allí el espectáculo vibra en emoción. Esta obra no se asemeja a otra en el país, tampoco cuenta con el aparataje de otras costumbres folcklóricas, donde los ejecutantes dan cabida a las esplendidas condiciones físicas.

    La fiesta del Baile de la Llora se manifiesta de una sola manera. La activiodad es propicia para entrar en contacto con una expresión genuina, gozar de un fastuoso evento y ser testigo de una manifestación que el pueblo ha mantenido viva por varios siglos. Pero como toda concentración de mucho público, no es de extrañar escuchar los aplausos de las personas que se aglomeran para respaldar una ceremonia especial, bien planificada y organizada para turistas, residentes y amantes de nuestro acervo tradicional.

  • PEDRO INFANTE EN CARORA

    Es estos tiempos de lloviznas intermitentes en el estío tropical, cuando tanta ideología se desata y se honra hasta la hazaña de nuestros héroes del 19 de abril con un presidente disfrazado de Generalísimo -tratando de emular a Francisco de Miranda, tal vez-, escuchar a Pedro Infante es sentir cómo la situación impregnada de falsedades nos puede ocasionar un dulce aire de rencor si estamos conscientes que sostener un golpe de odio arruga los dominios del corazón y los paraísos de la mente.

    Estaba en Carora un viernes por la tarde en el Bar Oasis buscando algunas melodías en la rockola y encontré el tema Qué suerte la mía de José Alfredo Jiménez, pero entonada por Pedro Infante, emotiva composición sobre el rompimiento con la pareja bajo las sombras del trauma sentimental, que estaba de fondo en la amena conversación entre el calor, las persuasiones políticas, los chistes, la algarabía de la mesera Mirian y ese vaivén extraño ante las leves sacudidas del suelo caroreño de vez en cuando.

    Contratado por un avezado empresario, Pedro Infante se presentó en el Teatro Salamanca, cantó y luego fue exhibida una de sus películas, al finalizar muchos curiosos lo encontraron frente al Bar Oasis cuestionando el engaño de haber sido asesinado en la cinta y después lo encontraban vivito y coleando como dicen en el argot popular.

    No imaginó lo que le sucedería más tarde, los admiradores en reparación del engaño pidieron que probara el cocuy de penca, mientras el empresario lo esperaba para llevarlo al hotel. El abstemio rompió la dieta y eso hizo que los tragos lo mandaran directo a los dominios de Morfeo, montado en una carretilla y trasladado al hotel del frente.

    Esa primera tortura etílica pasaría con mayor pena que gloria en su existencia para sobrevivir a los malestares sensibles de la prohibida bebida de la época, la cual formaba parte de la elaboración clandestina en poblaciones vecinas y sitios ocultos.

    Pedro Infante, igual al presidente, autor de una serie de cambios que ha mal llamado revolución, habiendo probado ambos más el contenido de una mulita sentados en un sitio confortable, han sabido transmitir el reto perverso vivido en carne propia, dejando una fuerte huella durante su carrera, una muestra patente de complacencia a los seguidores y personajes de la región que solemos hacer el papel mucho de nosotros que pertenecemos a la minoría que consideramos a la izquierda con otra concepción.

    La otra conjura terminó cuando comenzó el viaje hacia Caracas y debió tolerar las infinitas curvas de San Pablo, mientras disfrutaba del árido paisaje con el mismo asombro de un ansioso explorador de la Edad Media. Con esta travesía del afamado cantante y otras infamias padecidas no volvería más nunca a la tierra de los seretones, jurungos, espantos ambulantes y el diablo suelto.

    Es un tesoro de la memoria o un patrimonio del dominio público convertido en crónica que va resucitando a través del tiempo y la cual se nos refiere en las citas improvisadas donde la cerveza abre el portal de hechos cotidianos.

    Un cuento no es un cuento oral hasta que no es parte del conocimiento del colectivo. Sus letras indelebles se van enriqueciendo con el toque especial del orador del momento y sin inventar mayores ingredientes, desentrañamos los misterios hasta descodificar los más insignificantes secretos.

    Las notas sobre la estadía de Pedro Infante fueron escuchadas entre tragos con la sana curiosidad que produce el interés sobre el tema y sepultada por mucho tiempo, con la intención de transmitirlas a quienes siguen mis trabajos literarios. Las rescaté de un encuentro con otros amigos de La Victoria que hablaban de la música de despecho y tomé conciencia de esta joya que me refirieron entre la marea de la tertulia y el compartir entre amigos del ateneo de Carora, incluyendo a Oscar Querales, William Villanueva, los propietarios de El Oasis y la catira Mirian.

    Pedro Infante ante la insistencia de su audiencia, seguidores y admiradores dio un claro ejemplo de valentía y coraje al aceptar una buena porción de los 56 grados de alcohol y de la imagen que brindaba en las cantinas de las películas mexicanas.

  • VISION INTEGRAL SOBRE LA NOVELA "LA SEGUNDA SNGRE"

    La novela La Segunda Sangre trata de dar a conocer un momento de gran interés para la literatura colombiana y la historia en particular, la opera prima de Gilberto Abril Rojas tardó una década de investigaciones para luego dar un vuelco al tratar de darle forma de texto narrativo. Situación que lograría gracias a la cooperación de Ulises Rojas quien tuvo una amistad bien formada con su paisano boyacense, el cual en incontable tertulias hizo despertar en el periodista que había en Gilberto Abril Rojas el gusanillo de un relato ambicioso que transcendiera más allá de las fronteras del Departamento de Boyacá, claro está, por la proyección de este personaje. En El Cacique de Turmequé y su época, el académico Ulises Rojas plantea el sentido mítico del personaje Diego de Torres. Este joven mestizo impuso sus derechos a suceder a través de las leyes de la tradición indígena de su tiempo, tratando con esto de que vale más luchar por lo que se tiene fe y donde impera la razón por encima de la confabulación y la maldad de quienes orientaban la administración de justicia en los tiempos de Felipe II en la América penetrada por las costumbres e instituciones españolas. En la Real Audiencia “la justicia es cosa tan soberana y excelente que ninguno de ellos la quería ver por su casa” (1). Al referirse a Diego de Torres, en su obra biográfica El Cacique de Turmequé y su época, escribe Ulises Rojas:

    “Era Diego de Torres un mestizo, hijo de la hermana mayor del Cacique de Turmequé llamada Catalina de Moyachoque y del conquistador Juan de Torres, quien después de servir al Emperador Carlos V en la casa real y en las campañas de Italia por varios años, vino a las Indias y entró al descubrimiento del Nuevo Reino de Granada con el Adelantado don Gonzalo Jiménez de Quesada (…)
    Pasó su infancia y su adolescencia en casa de sus padres en Tunja. Su madre le enseñó el idioma de sus antepasados, y su padre, al cumplir los ochos años, lo puso en la escuela para mestizos hijos de españoles que tenía en su casa Diego del Águila” (2).
    En La Segunda Sangre, sólo no se aborda la vida del Cacique de Turmequé, allí el otro personaje que lleva la batuta de la acción es Felipe II, el mito de éste también es tratado en esta novela y pasa a formar parte de una fuerza primaria en ese entrecruzamiento de la existencia de ambos seres reales, se trata más bien de una línea convergente donde se encuentran dos hombres con principios y pensamientos indistintos pero que comparten la misma actitud ante la injusticia impartida por quienes tienen el sagrado deber de hacer cumplir la justicia. La confabulación, encarnada en la oposición de los Oidores Andrés Cortés de Meza, Antonio de Cetina, Juan Rodríguez de Mora y Francisco de Auncibay, condenan a Diego de Torres a una carrera permanente signada por el exilio forzado y al destierro final. Esta visión de ser miembro de una familia indígena-española va más allá de los fundamentos concebidos por Gilberto Abril Rojas en su novela, ya que él está sobre todo interesado en el final del Cacique de Turmequé en la sociedad corrupta de la época colonial. De acuerdo con Gilberto Abril Rojas, al enfrentar a las autoridades de su época, Diego de Torres y su vida como ciudadano común y corriente se va a encontrar que no puede escapar a la tiranía de las instituciones españolas en suelo americano y encontrar alivio a cada una de sus desgracias. Gilberto Abril Rojas es también escéptico en cuanto a los beneficios del mismo rey Felipe II en aquella sociedad cerrada y a los intereses de los dueños de la situación de esta parte del imperio que no aceptaban del todo la oposición del Cacique de Turmequé; pero también rechaza el yugo de una sociedad minoritaria que tiene como una salida el dominio de las instituciones garantes de los derechos del hombre, muy a pesar del dominio de poder del Real Consejo de Indias.
    Al emplear deliberadamente el término “segunda sangre” en lugar de otro más metafórico Abril Rojas escoge un concepto más vinculante de la herencia que nos legó el mestizaje. El Nuevo Reino de Granada de entonces y ese circo español en que se mueven los personajes simbolizan la penetración cultural de una cultura a otra con todo sus defectos y arbitrariedades, del Jardín de las Delicias descripto por Colón, no va a quedar una estampa, las costumbres de los primeros pobladores anteriores al encuentro de los dos mundos no quedará sino el dominio anacrónico y el imperio de la fuerza, instaurada a los largo del norte de México hasta el sur del Imperio Inca. La descripción que él hace de la violencia sirve como apología de la injusticia accidentada en el interior como en el exterior del Nuevo Reino de Granada. Aunque el Cacique de Turmequé, Diego de Torres, se inspira en los agravios cometidos por los emisarios de los oidores y la poca suerte de las tribus chibchas que tienen que soportar una especie de esclavitud declarada, podemos apreciar la existencia de una forma de negación tímida de aquellos pobladores que se dejaron dominar abiertamente. Una de esas estampas plagada de violencia la podemos encontrar cuando una comisión va en búsqueda del Cacique de Turmequé y cometen toda suerte de vilipendio en sus cercados.

    “Luisillo golpeaba al mozo que momentos antes había embestido a Diego Martín, lo arrastra por los cabellos y de cuando en vez le propina alguna patada, a ratos el mozo golpea, pero sin fuerzas. El mozo mira la mano de Lusillo que lo sujeta fuertemente, la doncella deja escapar una alarido y llora, un río moribundo hace pequeños surcos en su rostro” (3).

    Aunque en el Memorial de Agravios de Diego de Torres se da una relación detallada sobre los males que aquejan a los naturales, realmente no se implementa un correctivo sólido para acabar con el flagelo de los males en contra de los indígenas. Es claro que este monumento a la desidia y el abandono puesto en práctica de este lado del mundo se pusiera por encima de la Política Indiana de Juan de Solórzano y Pereira, además de las Cédulas Reales consignadas por el Real Consejo de Indias, pero esto no deja de ser un reflejo inequívoco que se basa en los atropellos cometidos por los miembros de la Real Audiencia. Pero también es real y patético el aislamiento del Nuevo Reino de Granada con el viejo continente, así como el mensaje dramático al final de La Segunda Sangre la llegada de un decreto, luego, de 38 años de muerto Diego de Torres y después de que pasaran dos reinados para que se le entregara a la viuda la aprobación de la encomienda de Soracá, este triunfo es simbólico de los agravios que sufrió en carne propia el Rumerqueteba. En La Segunda Sangre, los mitos eternos y las tradiciones anacrónicas no pueden resolver el problema de la injusticia propagada en esta parte de América.
    Aunque la palabra agravio tiene un hondo significado en la novela, en general puede decirse que siempre implica un sentimiento subjetivo de tiranía y yugo dominante. En la obra de Gilberto Abril Rojas la injusticia ha sido un tema esencial, y aunque tiene una importancia capital, en La Segunda Sangre aparece, por ejemplo, algo parecido en Los Cortejos del Diablo, en que la vida de los miembros del Santo Oficio penden la dictadura religiosa para mostrar el oscurantismo de la iglesia tomando como excusa la fe y sus principios o en Las Pezuñas del Diablo de Alfonso Bonilla-Naar, donde el inquisidor Juan Mayorga es la personificación de la injusticia.
    La primera tentativa de Diego de Torres de pasar por encima de los garantes de la justicia se realiza al comienzo de la novela La Segunda Sangre como un síntoma de oposición de la Real Audiencia. Durante su primer viaje, el cual estuvo lleno de muchas dificultades, el Cacique de Turmequé llega a Santiago de La Habana y posteriormente zarpa rumbo a España, pero sufre un accidente la embarcación y naufraga a la altura de las islas Bermudas, siendo arrojado a Haití, perdiendo su hacienda y logrando cruzar hasta la isla La Española, permaneciendo en Santo Domingo hasta que pudo salir para España; esto es, en cierto modo, una señal de mal agüero de lo que le ocurriría en la corte, pasando estrecheces y malos ratos, ocasionada por la confabulación de los enemigos del otro lado del continente, esto es resultado de la solidaridad entre los miembros de la Real Audiencia del Nuevo reino de Granada y los del Real Consejo de Indias. Pero ya que las maldades y miserias humanas trascienden todas las épocas y situaciones humanas, es también resultado de las pretensiones particulares como de la ambición de los gobernantes. Por lo tanto, Gilberto Abril Rojas, como antes que él Ulises Rojas lo hiciera, presenta valores del siglo XVI en su relación con la vida novelesca de Diego de Torres.
    Un ejemplo de actitudes de la época que aparecen representadas en La Segunda Sangre y pueden encontrarse con la contradicción de ciertos valores como la barbarie y los papeles respectivos de hombres en las relaciones de poder. El poder es presentado como un mecanismo absoluto. Un ejemplo particular: la desesperada búsqueda a que es sometido Diego de Torres por parte de los oidores:

    “Los naturales aborrecen la vida nueva de Tunja. Su esclavitud perenne, las nuevas costumbres que lo separan del resto de sus creencias, la falta de misericordia, las larguísimas faenas a trabajos forzosos bajo un frío inclemente y los castigos de los alguaciles y calpixques” (4)

    Otro ejemplo del dominio impuesto por el poder con que Gilberto Abril Rojas presenta las cualidades agraviosas de los emisarios de la Real Audiencia aparece en el Capítulo I. Ya he mencionado la falta de compasión por parte de los perros de caza de los oidores, sobre esto muchos novelistas que tratan la novela histórica se ponen a recrear este tipo de situaciones, la experiencia no es desviarse de la materia meramente literaria para caer en un espacio netamente panfletario, la idea no es otra que darle un tratamiento que raye casi en la leyenda. De acuerdo a Fernando Ayala Poveda, la novela histórica “es estética y es leyenda, y como novela e historia profundiza en una sensibilidad, un mundo y unos personajes que sólo se sirven a sí mismos y no les sirven a ningún otro concepto” (5).
    El sentido contemporáneo de la lucha de clase aparece capturado en el tratamiento de los desvalidos con los poderosos. En muchos casos se revela en la agresividad de los más fuertes frente a la impotencia del dominado. Una muestra de esto es la frustrada relación servil entre la indiada y las tropas españolas, quienes invadían y tomaban por asalto las aldeas. Impacientes por encontrar un líder que los oriente y los encamine, ellos consideran a Diego de Torres ese elegido, pero ven que todo resulta lo contrario porque el Cacique de Turmequé se queda en la corte española, luego de su segundo viaje hasta el día de su muerte. Por eso manifiesta el autor:

    “El Cacique de Turmequé se dedicó a guardar silencio en casi todo el trayecto del nuevo viaje rumbo a la corte. El Señor de las Honduras de Turmequé imaginaba la maravillosa fortaleza, ya por lo que le habían dicho se había hecho una idea de cómo era realmente, ni los grandes templos de los reinos chibchas lo igualaban” (6).

    En la novela La Segunda Sangre se cuentan también los últimos quince días en la existencia de Felipe II, desde su recaída hasta su llegada a El escorial. Esto le sirve a Gilberto Abril Rojas como pretexto para narrar algunos aspectos relacionados con este monarca español que nunca conoció los campos de batalla como su padre Carlos V. Allí descubrimos el lado humano de Felipe II, quien hace algunos saltos atrás en el tiempo para darnos muchas facetas de su existencia, desde su vida amorosa hasta los conflictos que se encadenan y se suceden en las otras posesiones del reino. Las situaciones más insignificantes cobran un perfil extraordinario al desarrollarlas Gilberto Abril Rojas para mostrar esas cosas oscuras de un hombre que casi llega a dominar el mundo. Sus matrimonios fueron muy comentados en su época, las desavenencias con Antonio Pérez y la princesa de Éboli, la traición de su hijo Carlos, la amistad con Diego de Torres levanta otro caso digno de tratar, porque el Cacique de Turmequé llegó a trabajar en las caballerizas reales.
    Aunque las fatalidades y las tramas enrevesadas no son las últimas causas de las desgracias de los personajes, cada quien parece estar sometido a un signo fatalista que cae sobre ellos en forma casi permanente. De allí podemos decir que Felipe II envía a su medio hermano Juan de Austria a una muerte casi segura; el personaje más malo de la obra Luisillo trata de hacer todo lo posible para acabar con la existencia del Cacique de Turmequé, pero siempre encuentra un obstáculo que se lo impide; Diego de Torres se encuentra con un naufragio y al tratar de volver al Nuevo Reino de Granada se le hace complicado salir de San Lucar de Barrameda, la esposa de Diego de Torres pasa penurias en el curso de su matrimonio con él; el rey Felipe II en pleno uso de sus facultades mentales es asaltado por la gota y ésta es la causante de su muerte. Nos encontramos con toda una galería de fatalidades inusuales, que no son meras fantasías del autor, sino que son hechos que se llevaron a cabo en la realidad y fueron reconstruidos.
    Ni el rey Felipe II con todo su poder, ni Diego de Torres con el apoyo de la indiada no pueden lograr sus metas, ya que todavía en los momentos estelares de la vida, la violencia y la injusticia prevalecen por encima de sus destinos. El rey Felipe II, con todo y su dominio, no logra tener el amor de la princesa de Éboli. Diego de Torres no logra obtener en vida la encomienda de Turmequé, a pesar de sus continuas intervenciones por lograrlo de una manera legal basada en las leyes.
    En los casi seis capítulos, la lucha por obtener lo que se le interpone a ambos dan un bosquejo de esa injusticia suprema que se presenta, tanto, que ni el hilo de la ficción podía transgredir dicha situación. La inclusión de los personajes que pertenecen a la Real Audiencia, el Visitador Juan Bautista de Monzón, Lope Díez de Armendáriz, nos brindan un cuadro real de los personajes de la época.
    Gilberto Abril Rojas orienta toda la novela con un panorama sencillo donde la imagen es una especie de elemento primordial y nos presenta a las ciudades, poblados y aldeas con una técnica propia que se puede tratar como una visualización cinética cuando funde elementos conexos con cosas naturales.

    “Los moradores de las aldeas al lado de las fogatas conversaban y todo el ruido, instrumentos musicales, susurros, tonadas antiguas, risas, se regaban por todas partes, llegaba a las mansiones de los encomenderos, mejores que los peores, y con imitaciones de pájaros y otros animales frente a los bohíos, en el patio enorme de la población” (7).

    Aunque la muerte no es un escape de ningún personaje presentado en el libro como valor positivo. Esta visión de más dramática y trascendente del destino manifiesto corresponde a la visión de Gilberto Abril Rojas y su manera de transformar este momento en una interpolación fantasiosa con su literatura. La creación de La Segunda Sangre contiene la clave de su realismo lleno de magia, y de las restricciones del tiempo lineal que se encuentra en algunos de sus relatos iniciales.
    El cambio también se nota en la libertad con que trata el tema del amor. Las escenas de los encuentros fortuitos en esta novela son más sensuales que en los cuentos. Aquí los amores de Felipe II tienen mayor espacio, y la actitud general frente al amor a lo largo de todo el libro es una sobriedad y figuración, si se le compara con obras de otros autores y más directamente como en novelas de Fernando Soto Aparicio, Próspero Morales Pradilla y Germán Espinosa. Aunque los amores de los personajes de la novela son destacados de una forma distinta, él expresa una visión más ampliada sobre la realidad; en Felipe II se hace más referencia por la cantidad de mujeres con las cuales contrajo matrimonio dicho monarca español. Las escenas idílicas, aún cuando pueden parecer incipientes, resultan distintas cuando son presentadas de una manera directa por Abril Rojas:

    “Era que no había podido consumir el matrimonio: ella se quejaba ante su padre y el asunto resultó embarazoso para ambos, era cierto lo de mi desvío. Ella estaba tan ilusionada con la vida que el destino le depararía luego de la boda, y jamás pensó que su presencia real me atrajo tan escasamente” (8).

    Para un contraste con el tono de esta escena es posible compararla con las escenas de amor entre las relaciones que se presentan escasamente entre Diego de Torres y doña Juana. Estas escenas son mucho más detalladas, también revelan un espacio mayor al valerse del humor para desarrollarlas.
    En todo caso el autor salta por encima de las posibilidades de una descripción literal para alcanzar una estilización modesta que engloba una situación maravillosa partiendo de pequeñeces. Aunque en los seis capítulos de esta novela se ha tratado detallar cada situación vivida por Felipe II y Diego de Torres, la estilización encierra una ceremonia fascinante de la escritura. En la novela que está subdividida en ciento un subcapítulos podemos encontrar obras dentro de la obra como el diario, la técnica epistolar y el Memorial de Agravios; en cada segmento se va incluyendo un espacio novelesco que se distribuye de acuerdo a la posición y situación en donde se encuentra cada personaje; el autor juega por eso con el tiempo de una manera infalible, lo mismo nos conduce hacia el Nuevo Reino de Granada como a los parajes exóticos españoles; de los monasterios a los campos majestuosos colombianos; las ceremonias religiosas tienen su contraparte con la fiesta de Huan, la misma es descripta con todo lujo de detalles y nos remite con todo su colorido a la época colonial en toda su extensión. Por eso, la tarea de Gilberto Abril Rojas no fue nada fácil para lograr contar durante casi quinientas páginas una obra monumental que no se ha hecho sencilla en convertirse en una obra más asequible al público lector. Cuando Diego de Torres llega a realizar cada viaje se encuentra el lector con la visión fantástica de los viajes peligrosos y lleno de situaciones complicadas. Ante la fatalidad el Cacique de Turmequé encuentra una salida salomónica, cuando su mundo armonioso se ve hecho pedazos; la muerte de Luisillo, el personaje más sanguinario de la novela crea en Diego de Torres un aire de indiferencia, pero en los otros personajes una actitud placentera por la desaparición extraordinaria del cazador de hombres.
    Aunque Diego de Torres encuentra un gran aliado en Felipe II, esto no resuelve la situación del cacique, ni siquiera el Visitador Juan Bautista de Monzón. A este lo enredan en una trama de envidias y trampas que lo llevan a ser torturado por los amos de la situación en el Nuevo reino de Granada, es encarcelado, el matrimonio de su hijo es cuestionado por los pretendientes de la mujer más ambicionada por los hombres del momento por su cuantiosa dote; este Visitador no posee el poder suficiente para anular su posterior cesantía de su cargo por la fuerza. El talento del anciano proveniente de España con altos poderes, no pudo cumplir con la encomienda que le fijó el rey Felipe II, fue víctima de los enemigos del Cacique, quienes lo sacaron por la fuerza de su casa, este allanamiento también es reflejado en la novela y en la biografía elaborada por el historiador Ulises Rojas, haciendo referencia a El Carnero de Rodríguez Freyre.
    Con la llegada de Diego de Torres de España se llevó a cabo un enorme revuelo que hasta creó una leyenda de posible alzamiento de las tribus del reino; esto causó malestar entre los encomenderos, fiscales, clérigos y oidores comenzando una carrera que daría como resultado el aislamiento de Diego de Torres del Nuevo Reino de Granada, allí comenzaría a elaborar el célebre Memorial de Agravios, documento donde se denuncian los atropellos de los enviados del rey. A pesar de esto, todo indica que este documento fue archivado y no se le dio el efecto que muchos esperaban, la situación se mantuvo igual, salvo algunos casos. Diego de Torres es absuelto de su cargo porque Juan Prieto de Orellana tuvo mucho más poder que el Visitador Monzón para poner orden en esta parte de las posesiones españolas, esto se muestra en los juicios por separados que se realizaron y que resultaron como se había estipulado, los culpables pagaron su deuda con la ley. Aunque esta obra nos presenta este desenlace, no es lo que podemos llamar un final feliz, porque todavía la situación del Cacique de Turmequé no se resuelve, y en España con todo y su cargo en las caballerizas, sufre hasta el último de sus días de penurias y tuvo que pedir auxilio del rey en muchas oportunidades. La miseria padecida por Diego de Torres por un lado y por el otro Felipe II, quien murió de una forma muy triste, padecieron en un retiro particular: el rey debió retirarse a reflexionar dentro de sí mismo para recapitular sobre sus pasos por la vida; el Cacique de Turmequé debió hacer lo mismo en la ruina, siendo un noble de la cultura chibcha. Una superior comprensión de estos desenlaces tan extraños es inducida por el destino que entrecruzan ambos personajes.
    El encuentro del Cacique de Turmequé con Felipe II estuvo lleno de esa expectativa llena de fantasía que lo hacía imaginar aquel palacio real como algo fuera de este mundo. En su imaginación no debió estar nunca el encuentro entre ambos personajes reales de castas distintas, de esa segunda sangre que guardaba cada uno por su lado. Felipe II la alemana y Diego de Torres la mestiza. La bondad del rey Felipe II tiene su cometido cuando auxilia a los súbditos, pero esto que llega a sufrir el Cacique de Turmequé se desfigura con la ayuda que se le niega más adelante y que lo conduce a sufrir las malas cosas de la vida.
    Esta novela de la cual se ha tratado de dar una visión generalizada representa un intento por rescatar del olvido a este hombre que luchó toda la vida por sus derechos, lo que simboliza ha sido tratado de ser visualizado por Gilberto Abril Rojas, el efecto destructor de aquellas instituciones del pasado y las trampas sobre la conciencia del hombre; la fragmentaria y mortal naturaleza de su vida resulta dramatizada por esa constante lucha de la memoria, el perpetuo efecto de inmortalizar y dar sentido a su problemática existencia. El hecho que este personaje aparezca en El Carnero y en las Elegías de Ilustres Varones de Juan de Castellanos habla de la importancia de este hombre del siglo XVI.
    La Segunda Sangre es una obra que debería ser revisada y ser sometida a muchos trabajos de investigación para darle el puesto que se merece en la literatura de habla hispana. Esta versión de novela histórica debe sufrir el mismo perfil crítico de otras novelas continentales que han sido sometidas a estudio en forma continua y por tal efecto llevada a las escuelas para tener una perspectiva de una obra literaria con la inclusión de un personaje muy interesante de nuestra historia latinoamericana, si no ha sido colocado en el sitial que se merece se debe al poco interés por parte de los investigadores especializados de darle unas cuartillas en sus trabajos.
    Con esto podemos concluir que Gilberto Abril Rojas ha creado de la vida de Felipe II y Diego de Torres una fábula que recrea su propio espacio dentro de la obra totalizadora. Ella está llamada a escapar de la destrucción del tiempo.
    Como en las mejores novelas del género, La Segunda Sangre nos deja con un documento artístico que, como lo había establecido líneas atrás, contiene una afirmación final de la narrativa y por lo tanto de la literatura en un fundido histórico.
    El pasaje de la injustita constantemente aísla al individuo de su tiempo, los acontecimientos, pensamientos y sentimientos de los demás, arrancándole un sentido de inmortalidad. Este sometimiento a la nada sólo recuerda momentos misteriosos de ese alguien; la subjetividad de sus actitudes son limitadas por sus persecuciones. Cuando Abril Rojas dice que “Diego de Torres es un personaje esencial de nuestra historia”, quiere decir que a través de la desgracia sufrida por el Cacique de Turmequé, él pudo haberse erguido en un luchador social de su época a tiempo completo. Es claro que este elemento no asumido por Diego de Torres pudo haber cambiado la historia de haberse declarado en rebelión y convertirse en el líder de toda la población indígena, pero si el estar al margen no le ganó un espacio limitado, si le creó un rincón significativo para la inmortalidad en la vida literaria.

    Notas:

    1.- ROJAS, Ulises. El cacique de Turmequé y su época. Tunja, Colombia. Imprenta Departamental de Boyacá. 1965. p. 3.
    2.- Ibid., 7-8.
    3.- ABRIL ROJAS, Gilberto. La segunda sangre. Editorial Berkana. Segunda edición. La Victoria. Venezuela. 1988 p. 10.
    4.- Ibid., p. 22.
    5.- AYALA POVEDA, Fernando. Manual de literatura colombiana. Editorial Panamericana. Bogotá, D. C., Colombia. 2002. p. 262.
    6.- La segunda sangre. P. 73.
    7.- Ibid., p. 44.
    8.- Ibid., p. 53.

  • CARORA EN EL CORAZON

    Carora es una de las ciudades más progresistas del país, con una historia emblemática y llena de cosas interesantes, que además ha dado una élite importante de músicos, escritores y políticos que se han sumado a la evolución de Venezuela. Un paisaje bordado por la aridez y un suelo óptimo nos hace recordar una composición preciosísima de Luis Beltrán Guerrero llamada “El cardón”, imposible de realizar por una persona ajena a la región, pues a esto se une el imperio de los sentidos, diferenciador de percepciones para la intuición de la estética de lo feo.
    Esta ciudad con aspecto de manto marino y pie de monte andino, como lo hemos dicho, ha puesto su grano de arena en el marco histórico de Venezuela memorial, en que los mártires de la región han bañado con su sangre el destino de la patria, beneficiando a las generaciones posteriores que gozan de la libertad a sus anchas.

    Los beneficios del desarrollo económico del Estado Lara ha insertado el abolengo caroreño, esto unido a la modernización y a la evolución urbanística con todo lo que acarrea el crecimiento poblacional y el mejoramiento de los servicios públicos.

    Los intelectuales prevenientes de esta ciudad siempre han tenido un apego profundo a su entorno, se manifiestan al decir de Guillermo Morón con un sentimiento nacido de sus entrañas, al dar una estampa de la misma nos dice:

    “son, somos los venezolanos y los caroreños, un pueblo viejo, de quinientos años, un pueblo arcaico y arcaizante, con una tradición cultural como de quebrada, las quebradas de Carora acarrean en sus arremetidas todo cuanto de ordinario no tienen, por estar secas la mayor parte. También, la ciudad, de ordinario seca, árida, con el lecho resquebrajadizo por el sol, crece de pronto, se moviliza, se inunda de pasiones, se encrespa y entonces expulsa de su seno y de su memoria a los mejores”.1

    Creadores de muchas fábulas que se han mantenido en la memoria colectiva, mantienen una especie de sortilegio tradicional donde el seretón, el diablo y el sobador se funden en una creencia indeleble, sin hipérboles, con el alma en un vilo como algo que tuviera por encima del fabulario de Macondo. Al entrar en contacto con la gente de esta población, cualquier historia que se nos refiera parece estar estancada en un diccionario de maravillas. Ante este panorama se ha venido perfilando, puliendo y enriqueciendo, a través de la práctica y el estudio en diferentes talleres que van más allá de lo extraliterario, un frente de opinión de ideas frescas en torno al ateneo “Guillermo Morón”. Leonardo Pereira Meléndez, adecuando sus conocimientos formativos, asume una postura que lo identifica con el modelo del escritor latinoamericano en nuestra época, apoyándose en la asimilación de un conocimiento teórico, para adecuar sus creaciones a los dictados de nuestra sociedad de consumo y a la carrera laberíntica de la autopista creada por Bill Gates.

    “Cuando los artistas y los poetas no han cobrado conciencia de su misión revolucionaria, son todavía productores de plusvalía ideológica, lo mismo que son los revolucionarios que sostienen una “falsa conducta revolucionaria”. Artistas y poetas estarán creando belleza y, por tanto, estarán creando algo que sí mismo revolucionario”.2
    En esta faceta siempre proclive para la envidia y las confabulaciones, ha hecho este joven escritor su credo literario, manteniendo en claro sus lecturas, donde se insinúan con mucha vivacidad autores como Jorge Luis Borges, James Joyce, Gastón Bachelard, Herman Melville. Esta interesante actividad es cotidiana y mantenida bajo el amparo de la discusión dialéctica de cada tendencia que se debate en el país con sus complejidades en medio de la maraña neoliberal, en un collage con la situación que viene sufriendo nuestro país: el desorden de la confusión ideológica que sufre Chávez y el engaño radical de la sensibilidad del venezolano en general. Aunque las performances del barinés tiene su reflejo en los medios que se prestan a sus intervenciones melodramáticas, no sólo siendo punto de risa, sino también de espejismos tan frescos como su deseo de parecerse a Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera y Rafael Caldera; al primero, en su intento de erigirse como un líder internacional, que no es ni tan malo; al segundo, en lo llanero y refranero; a Rafael Caldera en su perfil como estadista, pero en un cóctel de la muerte. Aunque es muy temprano para exigir a los creadores circenses de una Constitución que es violada todos los días y atropellada sin miramientos.

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    1 Morón, Guillermo. Pueblos, Aldeas y Ciudades. Caracas. EFOFAC, 1995. p.15
    2 Silva, Ludovico. Belleza y revolución en Zona Tórrida. Revista de Cultura de la Universidad de Carabobo. N° 11-12. Valencia. 1979

  • EL FESTIN ETERNO

    Nuestro país simpre está de fiesta. Hace un gran manojo de centenarios han pasado desde el encuentro con los conquistadores españoles, donde participaron terribles visitantes como nobles de caballeros buscando nuevos horizontes fuera de las posesiones de los reinos de la costa hispana, ellos lucharon por establecer un dominio en tierras inexploradas hasta entonces y a las cuales llegaron por un fallo de cálculo.

    El empleo de la violencia sólo fue la primera manifestación del proceso que estableció una férrea actitud de los invasores extracontinentales sobre nuestros pobladores originarios que se opusieron a ser dominados. En el caso particular de regiones del país esta penetración cultural no incidió en el ataque hacia las costumbres y tradiciones de aquellas tribus que dedicaban muchos festejos a través de celebraciones paganas.

    Habría muchas páginas para rememorar infinidades de hechos antes del encuentro y posteriormenete a una serie de sucesos triste de nuestra historia. Recuerdo que la fiesta ha estado asociada a los pueblos hispanoamericanos y en base a esta situación pobladores antes de la aparición de la gesta bolivariana establecieron una lucha por hacer respetar sus derechos por los canales menos apropiados. Para muestra está el bicentenario que se celebra todavía con una inversión monetaria en el ámbito político, cultural y deportivo. Las parrandas de nuestros ancestros son reflejadas por los cronistas y cuestionadas por los religiosos que lograron introducir su concepción monoteísta; ellos lograron su concepción esclavista del pensamiento unicentrista, que funcionó en Venezuela y la América de habla hispana, bifurcándose más tarde con La Compañía de Jesús hasta su desaparición, pero se manifestó más tarde con otras relaciones, tras el regreso de las nuevas corrientes filosóficas, que además de brindar el tratamiento de otras situaciones específicas, orientó la ideología a inclinarse para reparar el daño cultural que se nos hizo.

    La población de descendientes originarios tuvo en su seno mandatarios muy destacados a través del violento período histórico, con la observación que entre sus costumbres estaba el festín, lo cual nunca se perdió. Las fiestas se producían cuando se venía de un enfrentamiento o partía de un momento especial. Claro está, tenía hora de comienzo pero no se garantizaba el final, con bebidas espirituosas y lo demás. No se podía frenar esta situación. La historia aporta el uso de las bebidas fermentadas, el cucuy agave, pero dejó el vacío de las celebraciones para otros casos.

    Los autores clásicos deben a nuestros herederos esta información como cronistas y defensores de nuestros habitantes originarios y la prolongación de esa práctica. La fiesta nadie la puede acabar, es un ehcho que se identifica con el venezolano profundamente

  • LAS CHICHARRONERAS

    Un amigo de la ciudad de La Victoria me hablaba que su padre tenía mucha inclinación hacia la comida de cerdo y no como en el caso nuestro hacia la terrible comida chatarra. Así, alguien comentaba adicionalmente de la proliferación de las llamadas calles del hambre donde se ofertan todo tipo de platos desde empanadas hasta los emparedados árabes y en el peor de los casos las fritangas como sucede en las periferias de la ciudad de Caracas. Jesús Salazar en una oportunidad me invitó a probar la morcilla proveniente de oriente en un quiosco de Caricuao, exquisita sin lugar a dudas. Pero en el caso de las chicharroneras tienen su reflejo en distintos lugares de la provincia, el estado Carabobo cuenta con un arsenal popular en este tipo de ventas nada saludables donde se acompaña con la cachapa y el queso de telita. En La Victoria tenemos un sitio muy especial en Guacamaya, en la calle Principal se expende desde el chicharrón pelúo hasta la hallaquita con hoja de maíz. Asunción Villanueva conoce algunas taguaras donde se encargan de prestar una distinguida atención a los visitantes y claro está, los vecinos de la dicha localidad, lugares con más de dos décadas de fundados. El menú se puede conformar con algo de cerveza de cualquier marca nacional, refresco o jugos naturales que por cierto han soportado la guerra de los fiscales de sanidad pública. Por supuesto, anclar en el negocio de JR es agradable, sus propietarios no emplean uniformes, tampoco ropa lujosa, uniformes ni nada por el estilo. Lo bueno de todo es que si se consume cierto monto de cerveza no falla el pasapalo de cuero de cochino. Los platos que se ofertan en ese lugar no se presentan en cartas plastificadas, tampoco se venden cosas exóticas. Las únicas entradas que pueden disfrutar los comensales son las derivadas del cerdo y los quesos, también alguna chuchería como papitas fritas, caramelos y otras cosas perjudiciales para el organismo. Entre ellos, el más pedido es la rufle y el tostón Raulito.

    Los amigos suelen coincidir por esos lados, toman una silla y obsequian una tanda, algunos evaden el cochino hasta tomarse varios tragos de la bebida fría. Además de las frituras, el menú también presenta una charla apropiada, comentarios, como las risas variables del propietario, cuyo costo no se incluye en la cuenta al final del servicio.

    Cuando se termina todo, es decir la comida y la bebida completamente no hay postre, si puede agarra un mango que no sobra en el patio o en el solar o en los alrededores. El negocio de JR cuenta con una especie de terraza como le dicen a los establecimientos en el Zulia: las mesas están distribuidas sin ninguna motivación decorativa. Uno puede tomar la cerveza parado en un sitio del local o afuera siempre que no diga piropos eróticos a las damas que pasan al frente. La atención, por supuesto, es lo mejor y lso mismos propietariosse encargan de atender a los visitantes mientras los trozos de cochinos aguardan para ser servidos. El local abre todos los días a partir de las 10 de la mañana y cierra a altas horas de la noche mientras la delincuencia no anda desatada.

  • YESENIA GRECI CON COLEO Y CULTURA

    La experiencia de conocer a esta joven periodista es inigualable. Ella conjuga inteligencia y talento; incluso es una fuente de amistad con grandes vertientes de solidaridad. Su creatividad ha hecho posible que bajo su producción aparezcan páginas web y su último proyecto escrito como lo es Coleo y cultura, donde su vena dentro del periodismo se hace sentir y se proyecta como una publicación periódica de interés para los lectores y consumidores de las noticias y novedades que tienen que ver con los toros coleados, además de las manifestaciones altruistas de nuestro país. Su labor ha sido sumamente original, enérgica, dinámica y carismática; esto la lleva a las mangas de coleo de distintos estados de Venezuela. Una joven como Yesenia, es muy difícil de encontrar, por eso, estamos al tanto de que una mujer de sus características es complicado encontrarla así de sencillo, sin embargo, esa propiedad le ha abierto el camino del éxito con alto grado de estabilidad y seguridad.

    Aunque por otros aspectos en su carta de presentación, se contempla a la fémina identificada con su tiempo, no necesita de mucho alboroto para hacerse sentir. Muy posiblemente su belleza a flor de piel es algo que mucho pueden soñar. De hecho su resuelta manera de moverse en un mundo deportivo donde lo recio está a la orden del día no ha sido para ella sino un reto donde hasta el presente le ha ido de lo mejor.

    De las tantas virtudes que podemos destacar de Yesenia Greci en estas pocas líneas, debo resaltar su intensa preocupación por prestar ayuda a los demás; es absolutamente sensible y emocional, por lo que tiende a extender su mano amiga a cantantes que se abren paso gradualmente, también a personas que buscan un espacio en su medio impreso, por lo que permanentemente ofrece su amistad a manos llenas y convive con las grandes figuras de esta disciplina, enriqueciendo este apartado sobre los perfiles de las leyendas del deporte recio. Con mucho orgullo ella se siente orgullosa de sus facultades intelectuales y el hecho de que resulta fácil escuchar, analizar y lograr compartir estas vivencias para reflejarla en el papel y no tiende a menospreciar a aquellos que tienen que esforzarse como ella a incursionar en esta faceta. Su habilidad ha servido para cosechar un gran cúmulo de amistades en las asociaciones de coleo y en las máximas autoridades del llamado deporte recio.

    La directora de Coleo y cultura posee una gran fuerza creadora, sabe comunicarse con profesionalismo, convence y atrae a los demás con sus ideas novedosas, aunque pueda resultar algo objetivo sus manifestaciones en el hecho de abordar las cosas. En sus trabajos de periodismo escribe en forma precisa, tal vez más que los demás y procura hacer causar una emoción a través del ejercicio de la palabra.

    Yesenia Greci sabe bien que trabaja por todo aquello que valora. Por muy seria y conservadora que parezca, dentro de ella persiste una energía realista y disciplinada. Milita en la idea de estudiar primero las tareas que va a desarrollar y a una preocupación por tratar de idealizarse como mujer en el campo profesional con luz propia. Y es que esta joven periodista es una persona muy sensitiva y consciente de su responsabilidad, sin temor a coartar su libre expresión, lo que la hace experimentar una sensación de entrega y pasión por la carrera que le tocó estudiar. Por esta instancia, ella ha obtenido múltiples éxitos por su capacidad en el periodismo en general.

  • PEDRO INFANTE EN CARORA

    Es estos tiempos de lloviznas intermitentes en el estío tropical, cuando tanta ideología se desata y se honra hasta la hazaña de nuestros héroes del 19 de abril con un presidente disfrazado de Generalísimo -tratando de emular a Francisco de Miranda, tal vez-, escuchar a Pedro Infante es sentir cómo la situación impregnada de falsedades nos puede ocasionar un dulce aire de rencor si estamos conscientes que sostener un golpe de odio arruga los dominios del corazón y los paraísos de la mente.
    Estaba en Carora un viernes por la tarde en el Bar Oasis buscando algunas melodías en la rockola y encontré el tema Qué suerte la mía de José Alfredo Jiménez, pero entonada por Pedro Infante, emotiva composición sobre el rompimiento con la pareja bajo las sombras del trauma sentimental, que estaba de fondo en la amena conversación entre el calor, las persuasiones políticas, los chistes, la algarabía de la mesera Mirian y ese vaivén extraño ante las leves sacudidas del suelo caroreño de vez en cuando.
    Contratado por un avezado empresario, Pedro Infante se presentó en el Teatro Salamanca, cantó y luego fue exhibida una de sus películas, al finalizar muchos curiosos lo encontraron frente al Bar Oasis cuestionando el engaño de haber sido asesinado en la cinta y después lo encontraban vivito y coleando como dicen en el argot popular.
    No imaginó lo que le sucedería más tarde, los admiradores en reparación del engaño pidieron que probara el cocuy de penca, mientras el empresario lo esperaba para llevarlo al hotel. El abstemio rompió la dieta y eso hizo que los tragos lo mandaran directo a los dominios de Morfeo, montado en una carretilla y trasladado al hotel del frente.
    Esa primera tortura etílica pasaría con mayor pena que gloria en su existencia para sobrevivir a los malestares sensibles de la prohibida bebida de la época, la cual formaba parte de la elaboración clandestina en poblaciones vecinas y sitios ocultos.
    Pedro Infante, igual al presidente, autor de una serie de cambios que ha mal llamado revolución, habiendo probado ambos más el contenido de una mulita sentados en un sitio confortable, han sabido transmitir el reto perverso vivido en carne propia, dejando una fuerte huella durante su carrera, una muestra patente de complacencia a los seguidores y personajes de la región que solemos hacer el papel mucho de nosotros que pertenecemos a la minoría que consideramos a la izquierda con otra concepción.
    La otra conjura terminó cuando comenzó el viaje hacia Caracas y debió tolerar las infinitas curvas de San Pablo, mientras disfrutaba del árido paisaje con el mismo asombro de un ansioso explorador de la Edad Media. Con esta travesía del afamado cantante y otras infamias padecidas no volvería más nunca a la tierra de los seretones, jurungos, espantos ambulantes y el diablo suelto.
    Es un tesoro de la memoria o un patrimonio del dominio público convertido en crónica que va resucitando a través del tiempo y la cual se nos refiere en las citas improvisadas donde la cerveza abre el portal de hechos cotidianos.
    Un cuento no es un cuento oral hasta que no es parte del conocimiento del colectivo. Sus letras indelebles se van enriqueciendo con el toque especial del orador del momento y sin inventar mayores ingredientes, desentrañamos los misterios hasta descodificar los más insignificantes secretos.
    Las notas sobre la estadía de Pedro Infante fueron escuchadas entre tragos con la sana curiosidad que produce el interés sobre el tema y sepultada por mucho tiempo, con la intención de transmitirlas a quienes siguen mis trabajos literarios. Las rescaté de un encuentro con otros amigos de La Victoria que hablaban de la música de despecho y tomé conciencia de esta joya que me refirieron entre la marea de la tertulia y el compartir entre amigos del ateneo de Carora, incluyendo a Oscar Querales, William Villanueva, los propietarios de El Oasis y la catira Mirian.
    Pedro Infante ante la insistencia de su audiencia, seguidores y admiradores dio un claro ejemplo de valentía y coraje al aceptar una buena porción de los 56 grados de alcohol y de la imagen que brindaba en las cantinas de las películas mexicanas.

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