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Posts archive for: July, 2009
  • POESIA

    ADAGIO

    Vivimos en la mente

    Wallace Stevens

    Ronda por mi cuarto como un animal

    con tanta furia

    que en mi se aloja.

    Se vuelve algo que no se puede descifrar

    y se borra

    como un error más de la cabeza.

    Ejercicio

    que no resuelvo nunca.

    ______________________

    FLUJO DE INTIMIDAD

    A tus deseos

    Sometes mi revuelta.

    Impones a tu voluntad mi castigo

    que no puede evadir.

    Tus errores

    los corriges con mi ceguera

    al margen de no ser agonía.

    Me condenas

    sin apelación

    más allá de toda comedia.

    _________________________

    ULTIMA TARDE

    Repentino ocaso,

    noche de trámite

    y las palabras que buscan acomodo.

    Sirenas de empresas, patrullas y ambulancias.

    Las cosas no vistas del agotamiento,

    La fatigable laboriosidad.

    El estrés

    producto del descontrol

    y nada de faltar como fanático al bar,

    visto bueno aprobado,

    manifiestas

    el inventar alguna locura.

    Tarde que no regresa

    indiferencia a un enfrentamiento

    en el seno del hogar.

    _______________________

    COSAS DE LA RAZON

    Cuando es fatal que nadie me comprenda

    mi razón se encoge de infedilidad

    y destierro a la dulce muchacha rebelde

    de mi existencia,

    pero vuelve valiéndose de un código amoroso

    y me conduelo

    sin temor a equivocarme.

    ________________________

    ALUSIONES

    Trampa oculta en los senderos de la vida.

    Poca oportunidad para aquel tipo gris.

    Siempre él te acecha

    y es como si amara sin omisión.

    Me la paso actuando como un loco

    que nunca quise ser. Repto por las calles.

    Es tan fácil cambiar de identidad.

    Padecer de un dolor curado a medias.

    Sin eso no tienes nombre.

    _________________________________

    LADRONES DE SUEÑOS

    Ladridos de perros,

    piques de autos,

    bebidas que despiertan el ánimo,

    y gritos de alguna fiesta cercana,

    triste alianza de la noche.

    Los vecinos no quieren saber nada de muertos.

    De rencores contra los ladrones del sueño.

  • MEMORIA DEL AMOR

    Bajo el mecenazgo de Zenaida Portacarrero apareció en Barcelona, España, hacia 1999 la obra Memoria del amor de Alfredo Saavedra, una edición privada de apenas cien ejemplares. El oficio poético de este autor guatemalteco da como resultado una aventura idílica y del estallido de los sentidos, de un amanuense lúcido que funde a partir de su experiencia particular, una crónica de tono existencial y emocional, también una sensibilidad afectiva y experimentaciones del erotismo.

    Fue tu condescendencia
    en la noche nupcial
    con la sombra proyectada
    desde esa luz que alumbró tu adecuada posición,
    el prodigio de una fiesta
    prometida en la sorpresa de tu disponibilidad recreativa,
    desbordante en el torrente caudaloso
    de mis nervios obstinados de fervor
    agradecido y recíproco.

    Su pasión tiene que ver con la revelación. La fluida paradoja, el descubrimiento del tálamo como memoria bullente del rapsoda, donde mitos y edenes líricos se van articulando con el hecho íntimo.

    Así mi sangre se elevó como un árbol
    crecido en la fiebre
    que hervía en la impaciencia;
    la llamarada que extinguiste
    con el manantial de tu epitelio,
    lluvia acertada sobre
    la desesperación en que
    agonicé por ti.

    La composición poética de Saavedra guarda múltiples significados. Desafiante mantiene la soberbia de los detalles de vivencias profundas en cuyo vacío sentimental la nostalgia y sus ensueños nos llegan crudamente, hace participar al lector en su aventura imaginaria hasta que aparece un universo preñado de un goce retrospectivo-eufórico, el tránsito efusivo, que despierta en el jardín de las delicias y las turbulentas filiaciones que se proyectan en el universo de las cotidianidades de un visible realidad con furores, ritos y susurrante temblores que quedan sembrado o plasmado en un entorno donde todo no puede llamarse maravilla sin ninguna connotación simbólica. Reflexión que es desgarradora en su transformación interior pero que nos deja una nota agradable en nuestra cabeza por mucho tiempo.

    Cómo resignarme a tu olvido
    si no hubo forma de mencionarte
    sin que se levantara de mí
    un torbellino remecido sobre
    tu temperatura saludable;
    la dimensión de tu calor posible
    y la salvación comprometida
    en la solicitud de tu piedad
    para redimir esta obsesión por ti.

    Las propuestas líricas son permanentes; la valoración del amor, es el explícito reflejo de la memorable condición humana. La cita clandestina, el rompimiento y el dominio denigrante de las limitaciones del entorno. La búsqueda permanente, el altercado, los trámites de la reconciliación, la confidencia constructiva, el descubrimiento de una nueva batalla en el ámbito del sexo. Es en esta revelación, en la labor creativa del poeta, donde descubrimos esa realidad tangible de la que tanto escuchamos a diario: la inefable presencia en el escenario sensual, las imágenes en su extensión y profundidad. Claro está, la enunciación del lenguaje nos hace una captación constructiva de la configuración poética como tal, que no pregona mucho Alfredo Saavedra.

    Entonces acepté tu manzana incuestionable
    porque quise pervertirme en el
    pecado inevitable
    de tu fruto pertinente.

    Por eso encontramos esencial la afirmación, la abierta de las latitudes del amor: el encuentro, las emociones, las circunstancias, el cuadro amoroso en aspectos donde la existencia y el rompimiento se mezclan en una sola fórmula.

    Cuando te despojabas de tus joyas
    de tus atuendos particulares
    tus prendas secretas
    y apretabas espacios para que anidara tu holgura
    consecuente conmigo,
    nos sumergíamos en la evanescencia
    de nuestras aguas inauditas,
    la delirante extenuación acogida en el reposo
    para el sueño apacible de nuestras tentaciones.

    En Memoria del amor el autor retrata la evocación como eslabón, la intimidad es más profunda, las reflexiones pertenecen a un espacio abierto que se hacen sentir desde el centro de una composición llena de imaginación, transformada por el hilo conductor que proporciona múltiples sugerencias.

    Era así que había obsequio en tu mirada
    muy indispensable para el gozo,
    evidente en la promesa
    de mostrarte con la gracia
    del regalo de tu modo.

    El amor visto por el poeta fluye por los cauces del gran delta íntimo, se hace indagación estética a cada nueva composición, se permuta con la habilidad que sigue al verso feliz, al hallazgo de la belleza interior. El tejido de palabras es fruto de un discurso claro, es la ocasión para penetrar las grietas del corazón y crear el big bang de la creación que está inserta en un poema que no deja de evolucionar para embrujarnos con sus alcances.

    Así que en tu descenso al sueño
    despertó la luna de tu desnudez espléndida

    Alfredo Saavedra, sin duda ya se ha labrado un camino estable en la literatura de Guatemala, su dominio lingüístico, el manejo de elementos psicoanalíticos, míticos, la enajenación de la historia, lo hacen visualizar como un autor de alto vuelo.

  • ASUNTOS INTERNOS

    A mi regreso de un viaje por Tunja busqué por los sitios históricos memorias del pasado, casualmente encontré a Plinio Apuleyo Mendoza cerca de la casa en donde vivió don Juan de Castellanos. Mi curiosidad creció por la forma de cuidar el patrimonio cultural y los sitios de interés para el turista. Gilberto Abril Rojas, sus primos Abrahán y Pacho aguardaron en el exterior del Monasterio de Las Clarisas Descalzas donde permaneció el resto de su existencia sor Josefa del Castillo. Había en la edificación objetos de flagelación y en las paredes donde dormía la religiosa pedazos de hojas de papel haciendo las veces de tapiz bajo el dominio de los frisos. Se mantenía el dorado en las decoraciones de lo más rococó como diría el guía. Todo en el mundo tiene su precio, pero me extraña lo barato de la entrada a este monumento. Estoy seguro que muchos visitantes se habrán quedado perplejos al entrar en contacto con dicho lugar; no había esperado algo más precioso que me llamara tan poderosamente la atención y de hecho con los mil argumentos para levantar la ambientación de un texto. De hecho me hicieron transitar mis amigos por otros sitios de gran interés como el Pozo de Donato, la casa del fundador y el templo de los antiguos muiscas donde se realizaban sacrificios al culto pagano. Me temo que los lectores estarán esperando que la hablara del vallenato o la carranga que ya sé que también se escucha con mucha o poca frecuencia y que al conducir un automóvil prestado se deje sentir el son alborotado de la música de los barrios norteamericanos. En el único sitio donde no pagamos para entrar fue en el cerro de San Lorenzo, debimos saltar una verja de hierro fundido, todavía se mantiene la piedra de sacrificio y un sitio más o menos empinado para arrojar a los infieles.

    La verdad es que no me honra haber saltado como un maleante este sitio sagrado pero uno no sabe cuando vuelve a pernoctar al lugar y deseaba tener una imagen veraz de dicho escenario donde acudía Aquiminzaque y sus ancestros antes de la penetración cultural española. Somos pocos los que tratamos de alimentar nuestro capital cultural sin imposiciones, ciertos gustos se nos quieren minimizar hoy en día, por una patología ideológica fracasada en el seno de su invención, no estoy de acuerdo con hacer desaparecer nuestras tradiciones y costumbres, menos cuando casos como el de la burocracia partidista venezolana trata de desplazar a la burguesía incipiente que es una minoría, por no denunciar el clan familiar gubernamental que viene amasando una gran fortuna de la cual dudo que al fin de cuentas logre desprenderse de ella para convertirla en bien colectivo. A esto debemos agregar la pugna desmedida por capitalizar el espectro radioeléctrico y televisivo para obligar a todo el mundo a escuchar las estupideces en cadena nacional que un actor único deja plañir sin descanso articulando chistes horrendos con odios viscerales de beatas insensibles. A veces es terrible ver a personas que consideran la actuación de nuestros gobernantes como si fueran productos originales, por ejemplo, no han hojeado el Libro Rojo de Mao, las mañas de Fidel Castro hacen mella en el presidente Chávez desde la usurpación de la vestimenta verde oliva hasta las manifestaciones gestuales: la postura de muchacho peleón es la misma de un malandro acompañado de sus acólitos, pero cuando andan solos el pánico es fruto de su indefensión. Es la postura indeseable del abuso de poder. Muchas veces me han dicho escuálido por no estar totalmente de acuerdo en cada cosa de lo que dice el presidente, pero yo me pregunto que posición asumiría él si bajo los puentes de Caracas pasara un F-111 y rompiera la barrera del sonido una sola vez, seguro mantendría los mismos lloriqueos de cuando el Museo Militar y llamaría a cuanto títere estuviera a su alcance para tolerar la crisis que terminan en curas de sueños.
    Imagen

    No voy a dedicar más líneas en quien no lo merece en materia literaria, de pronto mandan a clausurar el Internet como sucedió con la confesión particular de Poleo que causó desmayos en los retratos de Velásquez que se pueden levantar en las sesiones de la Asamblea Nacional, otro bodrio que acabó con una herencia bolivariana por un cliché isleño. En la ciudad donde llevó varias décadas viviendo los monumentos históricos no tienen un asidero particular, la Casa Mariño fue rescatada por un hijo victoriano cuando fue ministro de cultura, pero la iglesia Matriz en cada gobierno recibe el mismo tratamiento desidia y más desidia, hotel de indigentes y baño público de grandes y chicos. Los que me conocen desde niño siempre han sabido que soy un fiel seguidor de las ideas de izquierda y me llevé tremenda decepción cuando consideraba que los militares del gobierno harían una buena administración en el mundo civil, pero pararon en el mismo caso de la cuarta república que tanto repudian y zapatean como si su formación no naciera de la misma. Lo cierto es que la ciudad es un libro abierto en toda su geografía pero el cronista se dedica a coquetear con los gobernantes locales de turno y a cambiar de color según la ocasión, pero ni lleva una documentación a la usanza de los cronistas de Indias, incluso en pocas oportunidades ha salido a defender edificaciones como la plaza de toros local, la misma iglesia durante su gobierno fue insultada por un centro comercial que está casi al mismo nivel del pararrayos. También confieso que algunas veces la torpeza de los gobernantes locales ha sido tan aberrante que hasta posesiones de la comunidad han sido usurpadas como la casa de la familia Blank cuando fue saqueada por el alcalde, el mármol de Carrara de la plaza Ribas que fue a parar a un garage de un mandatario de La Victoria por no citar lo hecho por Luís Blanco cuando abandonó el Palacio Campo Elías. Todos tenemos gustos o inclinaciones hacia nuestras figuras heroicas con o sin los errores que pudieran haber cometido. Hace poco recordaba la felonía de los talismanes cuando destruyeron los budas gigantes, las esculturas de Botero destruidas por los guerrilleros, el cuadro de Bolívar dañado en La Casona por los golpistas, los monumentos de Colón dañados por los partidarios de la roja rojita y tantas cosas absurdas más. No entiendo todavía por que se nos hace aparentar odio hacia asuntos que sabemos son de bien colectivo o común. Tal vez cuando las personas que están estudiando en las misiones del gobierno entren en razón y la fantasía le de paso a la realidad entiendan la verdad de lo que acontece, asumiendo el hecho de crear conciencia y una visión distintas hacia nuestro patrimonio histórico, tal cual como lo ha dicho alguien, apelando a los cronistas comunitarios.

  • VISION INTEGRAL SOBRE LA NOVELA "LA SEGUNDA SANGRE"

    La novela La Segunda Sangre trata de dar a conocer un momento de gran interés para la literatura colombiana y la historia en particular, la opera prima de Gilberto Abril Rojas tardó una década de investigaciones para luego dar un vuelco al tratar de darle forma de texto narrativo. Situación que lograría gracias a la cooperación de Ulises Rojas quien tuvo una amistad bien formada con su paisano boyacense, el cual en incontable tertulias hizo despertar en el periodista que había en Gilberto Abril Rojas el gusanillo de un relato ambicioso que transcendiera más allá de las fronteras del Departamento de Boyacá, claro está, por la proyección de este personaje. En El Cacique de Turmequé y su época, el académico Ulises Rojas plantea el sentido mítico del personaje Diego de Torres. Este joven mestizo impuso sus derechos a suceder a través de las leyes de la tradición indígena de su tiempo, tratando con esto de que vale más luchar por lo que se tiene fe y donde impera la razón por encima de la confabulación y la maldad de quienes orientaban la administración de justicia en los tiempos de Felipe II en la América penetrada por las costumbres e instituciones españolas. En la Real Audiencia “la justicia es cosa tan soberana y excelente que ninguno de ellos la quería ver por su casa” (1). Al referirse a Diego de Torres, en su obra biográfica El Cacique de Turmequé y su época, escribe Ulises Rojas:

    “Era Diego de Torres un mestizo, hijo de la hermana mayor del Cacique de Turmequé llamada Catalina de Moyachoque y del conquistador Juan de Torres, quien después de servir al Emperador Carlos V en la casa real y en las campañas de Italia por varios años, vino a las Indias y entró al descubrimiento del Nuevo Reino de Granada con el Adelantado don Gonzalo Jiménez de Quesada (…)
    Pasó su infancia y su adolescencia en casa de sus padres en Tunja. Su madre le enseñó el idioma de sus antepasados, y su padre, al cumplir los ochos años, lo puso en la escuela para mestizos hijos de españoles que tenía en su casa Diego del Águila” (2).
    En La Segunda Sangre, sólo no se aborda la vida del Cacique de Turmequé, allí el otro personaje que lleva la batuta de la acción es Felipe II, el mito de éste también es tratado en esta novela y pasa a formar parte de una fuerza primaria en ese entrecruzamiento de la existencia de ambos seres reales, se trata más bien de una línea convergente donde se encuentran dos hombres con principios y pensamientos indistintos pero que comparten la misma actitud ante la injusticia impartida por quienes tienen el sagrado deber de hacer cumplir la justicia. La confabulación, encarnada en la oposición de los Oidores Andrés Cortés de Meza, Antonio de Cetina, Juan Rodríguez de Mora y Francisco de Auncibay, condenan a Diego de Torres a una carrera permanente signada por el exilio forzado y al destierro final. Esta visión de ser miembro de una familia indígena-española va más allá de los fundamentos concebidos por Gilberto Abril Rojas en su novela, ya que él está sobre todo interesado en el final del Cacique de Turmequé en la sociedad corrupta de la época colonial. De acuerdo con Gilberto Abril Rojas, al enfrentar a las autoridades de su época, Diego de Torres y su vida como ciudadano común y corriente se va a encontrar que no puede escapar a la tiranía de las instituciones españolas en suelo americano y encontrar alivio a cada una de sus desgracias. Gilberto Abril Rojas es también escéptico en cuanto a los beneficios del mismo rey Felipe II en aquella sociedad cerrada y a los intereses de los dueños de la situación de esta parte del imperio que no aceptaban del todo la oposición del Cacique de Turmequé; pero también rechaza el yugo de una sociedad minoritaria que tiene como una salida el dominio de las instituciones garantes de los derechos del hombre, muy a pesar del dominio de poder del Real Consejo de Indias.
    Al emplear deliberadamente el término “segunda sangre” en lugar de otro más metafórico Abril Rojas escoge un concepto más vinculante de la herencia que nos legó el mestizaje. El Nuevo Reino de Granada de entonces y ese circo español en que se mueven los personajes simbolizan la penetración cultural de una cultura a otra con todo sus defectos y arbitrariedades, del Jardín de las Delicias descripto por Colón, no va a quedar una estampa, las costumbres de los primeros pobladores anteriores al encuentro de los dos mundos no quedará sino el dominio anacrónico y el imperio de la fuerza, instaurada a los largo del norte de México hasta el sur del Imperio Inca. La descripción que él hace de la violencia sirve como apología de la injusticia accidentada en el interior como en el exterior del Nuevo Reino de Granada. Aunque el Cacique de Turmequé, Diego de Torres, se inspira en los agravios cometidos por los emisarios de los oidores y la poca suerte de las tribus chibchas que tienen que soportar una especie de esclavitud declarada, podemos apreciar la existencia de una forma de negación tímida de aquellos pobladores que se dejaron dominar abiertamente. Una de esas estampas plagada de violencia la podemos encontrar cuando una comisión va en búsqueda del Cacique de Turmequé y cometen toda suerte de vilipendio en sus cercados.

    “Luisillo golpeaba al mozo que momentos antes había embestido a Diego Martín, lo arrastra por los cabellos y de cuando en vez le propina alguna patada, a ratos el mozo golpea, pero sin fuerzas. El mozo mira la mano de Lusillo que lo sujeta fuertemente, la doncella deja escapar una alarido y llora, un río moribundo hace pequeños surcos en su rostro” (3).

    Aunque en el Memorial de Agravios de Diego de Torres se da una relación detallada sobre los males que aquejan a los naturales, realmente no se implementa un correctivo sólido para acabar con el flagelo de los males en contra de los indígenas. Es claro que este monumento a la desidia y el abandono puesto en práctica de este lado del mundo se pusiera por encima de la Política Indiana de Juan de Solórzano y Pereira, además de las Cédulas Reales consignadas por el Real Consejo de Indias, pero esto no deja de ser un reflejo inequívoco que se basa en los atropellos cometidos por los miembros de la Real Audiencia. Pero también es real y patético el aislamiento del Nuevo Reino de Granada con el viejo continente, así como el mensaje dramático al final de La Segunda Sangre la llegada de un decreto, luego, de 38 años de muerto Diego de Torres y después de que pasaran dos reinados para que se le entregara a la viuda la aprobación de la encomienda de Soracá, este triunfo es simbólico de los agravios que sufrió en carne propia el Rumerqueteba. En La Segunda Sangre, los mitos eternos y las tradiciones anacrónicas no pueden resolver el problema de la injusticia propagada en esta parte de América.
    Aunque la palabra agravio tiene un hondo significado en la novela, en general puede decirse que siempre implica un sentimiento subjetivo de tiranía y yugo dominante. En la obra de Gilberto Abril Rojas la injusticia ha sido un tema esencial, y aunque tiene una importancia capital, en La Segunda Sangre aparece, por ejemplo, algo parecido en Los Cortejos del Diablo, en que la vida de los miembros del Santo Oficio penden la dictadura religiosa para mostrar el oscurantismo de la iglesia tomando como excusa la fe y sus principios o en Las Pezuñas del Diablo de Alfonso Bonilla-Naar, donde el inquisidor Juan Mayorga es la personificación de la injusticia.
    La primera tentativa de Diego de Torres de pasar por encima de los garantes de la justicia se realiza al comienzo de la novela La Segunda Sangre como un síntoma de oposición de la Real Audiencia. Durante su primer viaje, el cual estuvo lleno de muchas dificultades, el Cacique de Turmequé llega a Santiago de La Habana y posteriormente zarpa rumbo a España, pero sufre un accidente la embarcación y naufraga a la altura de las islas Bermudas, siendo arrojado a Haití, perdiendo su hacienda y logrando cruzar hasta la isla La Española, permaneciendo en Santo Domingo hasta que pudo salir para España; esto es, en cierto modo, una señal de mal agüero de lo que le ocurriría en la corte, pasando estrecheces y malos ratos, ocasionada por la confabulación de los enemigos del otro lado del continente, esto es resultado de la solidaridad entre los miembros de la Real Audiencia del Nuevo reino de Granada y los del Real Consejo de Indias. Pero ya que las maldades y miserias humanas trascienden todas las épocas y situaciones humanas, es también resultado de las pretensiones particulares como de la ambición de los gobernantes. Por lo tanto, Gilberto Abril Rojas, como antes que él Ulises Rojas lo hiciera, presenta valores del siglo XVI en su relación con la vida novelesca de Diego de Torres.
    Un ejemplo de actitudes de la época que aparecen representadas en La Segunda Sangre y pueden encontrarse con la contradicción de ciertos valores como la barbarie y los papeles respectivos de hombres en las relaciones de poder. El poder es presentado como un mecanismo absoluto. Un ejemplo particular: la desesperada búsqueda a que es sometido Diego de Torres por parte de los oidores:

    “Los naturales aborrecen la vida nueva de Tunja. Su esclavitud perenne, las nuevas costumbres que lo separan del resto de sus creencias, la falta de misericordia, las larguísimas faenas a trabajos forzosos bajo un frío inclemente y los castigos de los alguaciles y calpixques” (4)

    Otro ejemplo del dominio impuesto por el poder con que Gilberto Abril Rojas presenta las cualidades agraviosas de los emisarios de la Real Audiencia aparece en el Capítulo I. Ya he mencionado la falta de compasión por parte de los perros de caza de los oidores, sobre esto muchos novelistas que tratan la novela histórica se ponen a recrear este tipo de situaciones, la experiencia no es desviarse de la materia meramente literaria para caer en un espacio netamente panfletario, la idea no es otra que darle un tratamiento que raye casi en la leyenda. De acuerdo a Fernando Ayala Poveda, la novela histórica “es estética y es leyenda, y como novela e historia profundiza en una sensibilidad, un mundo y unos personajes que sólo se sirven a sí mismos y no les sirven a ningún otro concepto” (5).
    El sentido contemporáneo de la lucha de clase aparece capturado en el tratamiento de los desvalidos con los poderosos. En muchos casos se revela en la agresividad de los más fuertes frente a la impotencia del dominado. Una muestra de esto es la frustrada relación servil entre la indiada y las tropas españolas, quienes invadían y tomaban por asalto las aldeas. Impacientes por encontrar un líder que los oriente y los encamine, ellos consideran a Diego de Torres ese elegido, pero ven que todo resulta lo contrario porque el Cacique de Turmequé se queda en la corte española, luego de su segundo viaje hasta el día de su muerte. Por eso manifiesta el autor:

    “El Cacique de Turmequé se dedicó a guardar silencio en casi todo el trayecto del nuevo viaje rumbo a la corte. El Señor de las Honduras de Turmequé imaginaba la maravillosa fortaleza, ya por lo que le habían dicho se había hecho una idea de cómo era realmente, ni los grandes templos de los reinos chibchas lo igualaban” (6).

    En la novela La Segunda Sangre se cuentan también los últimos quince días en la existencia de Felipe II, desde su recaída hasta su llegada a El escorial. Esto le sirve a Gilberto Abril Rojas como pretexto para narrar algunos aspectos relacionados con este monarca español que nunca conoció los campos de batalla como su padre Carlos V. Allí descubrimos el lado humano de Felipe II, quien hace algunos saltos atrás en el tiempo para darnos muchas facetas de su existencia, desde su vida amorosa hasta los conflictos que se encadenan y se suceden en las otras posesiones del reino. Las situaciones más insignificantes cobran un perfil extraordinario al desarrollarlas Gilberto Abril Rojas para mostrar esas cosas oscuras de un hombre que casi llega a dominar el mundo. Sus matrimonios fueron muy comentados en su época, las desavenencias con Antonio Pérez y la princesa de Éboli, la traición de su hijo Carlos, la amistad con Diego de Torres levanta otro caso digno de tratar, porque el Cacique de Turmequé llegó a trabajar en las caballerizas reales.
    Aunque las fatalidades y las tramas enrevesadas no son las últimas causas de las desgracias de los personajes, cada quien parece estar sometido a un signo fatalista que cae sobre ellos en forma casi permanente. De allí podemos decir que Felipe II envía a su medio hermano Juan de Austria a una muerte casi segura; el personaje más malo de la obra Luisillo trata de hacer todo lo posible para acabar con la existencia del Cacique de Turmequé, pero siempre encuentra un obstáculo que se lo impide; Diego de Torres se encuentra con un naufragio y al tratar de volver al Nuevo Reino de Granada se le hace complicado salir de San Lucar de Barrameda, la esposa de Diego de Torres pasa penurias en el curso de su matrimonio con él; el rey Felipe II en pleno uso de sus facultades mentales es asaltado por la gota y ésta es la causante de su muerte. Nos encontramos con toda una galería de fatalidades inusuales, que no son meras fantasías del autor, sino que son hechos que se llevaron a cabo en la realidad y fueron reconstruidos.
    Ni el rey Felipe II con todo su poder, ni Diego de Torres con el apoyo de la indiada no pueden lograr sus metas, ya que todavía en los momentos estelares de la vida, la violencia y la injusticia prevalecen por encima de sus destinos. El rey Felipe II, con todo y su dominio, no logra tener el amor de la princesa de Éboli. Diego de Torres no logra obtener en vida la encomienda de Turmequé, a pesar de sus continuas intervenciones por lograrlo de una manera legal basada en las leyes.
    En los casi seis capítulos, la lucha por obtener lo que se le interpone a ambos dan un bosquejo de esa injusticia suprema que se presenta, tanto, que ni el hilo de la ficción podía transgredir dicha situación. La inclusión de los personajes que pertenecen a la Real Audiencia, el Visitador Juan Bautista de Monzón, Lope Díez de Armendáriz, nos brindan un cuadro real de los personajes de la época.
    Gilberto Abril Rojas orienta toda la novela con un panorama sencillo donde la imagen es una especie de elemento primordial y nos presenta a las ciudades, poblados y aldeas con una técnica propia que se puede tratar como una visualización cinética cuando funde elementos conexos con cosas naturales.

    “Los moradores de las aldeas al lado de las fogatas conversaban y todo el ruido, instrumentos musicales, susurros, tonadas antiguas, risas, se regaban por todas partes, llegaba a las mansiones de los encomenderos, mejores que los peores, y con imitaciones de pájaros y otros animales frente a los bohíos, en el patio enorme de la población” (7).

    Aunque la muerte no es un escape de ningún personaje presentado en el libro como valor positivo. Esta visión de más dramática y trascendente del destino manifiesto corresponde a la visión de Gilberto Abril Rojas y su manera de transformar este momento en una interpolación fantasiosa con su literatura. La creación de La Segunda Sangre contiene la clave de su realismo lleno de magia, y de las restricciones del tiempo lineal que se encuentra en algunos de sus relatos iniciales.
    El cambio también se nota en la libertad con que trata el tema del amor. Las escenas de los encuentros fortuitos en esta novela son más sensuales que en los cuentos. Aquí los amores de Felipe II tienen mayor espacio, y la actitud general frente al amor a lo largo de todo el libro es una sobriedad y figuración, si se le compara con obras de otros autores y más directamente como en novelas de Fernando Soto Aparicio, Próspero Morales Pradilla y Germán Espinosa. Aunque los amores de los personajes de la novela son destacados de una forma distinta, él expresa una visión más ampliada sobre la realidad; en Felipe II se hace más referencia por la cantidad de mujeres con las cuales contrajo matrimonio dicho monarca español. Las escenas idílicas, aún cuando pueden parecer incipientes, resultan distintas cuando son presentadas de una manera directa por Abril Rojas:

    “Era que no había podido consumir el matrimonio: ella se quejaba ante su padre y el asunto resultó embarazoso para ambos, era cierto lo de mi desvío. Ella estaba tan ilusionada con la vida que el destino le depararía luego de la boda, y jamás pensó que su presencia real me atrajo tan escasamente” (8).

    Para un contraste con el tono de esta escena es posible compararla con las escenas de amor entre las relaciones que se presentan escasamente entre Diego de Torres y doña Juana. Estas escenas son mucho más detalladas, también revelan un espacio mayor al valerse del humor para desarrollarlas.
    En todo caso el autor salta por encima de las posibilidades de una descripción literal para alcanzar una estilización modesta que engloba una situación maravillosa partiendo de pequeñeces. Aunque en los seis capítulos de esta novela se ha tratado detallar cada situación vivida por Felipe II y Diego de Torres, la estilización encierra una ceremonia fascinante de la escritura. En la novela que está subdividida en ciento un subcapítulos podemos encontrar obras dentro de la obra como el diario, la técnica epistolar y el Memorial de Agravios; en cada segmento se va incluyendo un espacio novelesco que se distribuye de acuerdo a la posición y situación en donde se encuentra cada personaje; el autor juega por eso con el tiempo de una manera infalible, lo mismo nos conduce hacia el Nuevo Reino de Granada como a los parajes exóticos españoles; de los monasterios a los campos majestuosos colombianos; las ceremonias religiosas tienen su contraparte con la fiesta de Huan, la misma es descripta con todo lujo de detalles y nos remite con todo su colorido a la época colonial en toda su extensión. Por eso, la tarea de Gilberto Abril Rojas no fue nada fácil para lograr contar durante casi quinientas páginas una obra monumental que no se ha hecho sencilla en convertirse en una obra más asequible al público lector. Cuando Diego de Torres llega a realizar cada viaje se encuentra el lector con la visión fantástica de los viajes peligrosos y lleno de situaciones complicadas. Ante la fatalidad el Cacique de Turmequé encuentra una salida salomónica, cuando su mundo armonioso se ve hecho pedazos; la muerte de Luisillo, el personaje más sanguinario de la novela crea en Diego de Torres un aire de indiferencia, pero en los otros personajes una actitud placentera por la desaparición extraordinaria del cazador de hombres.
    Aunque Diego de Torres encuentra un gran aliado en Felipe II, esto no resuelve la situación del cacique, ni siquiera el Visitador Juan Bautista de Monzón. A este lo enredan en una trama de envidias y trampas que lo llevan a ser torturado por los amos de la situación en el Nuevo reino de Granada, es encarcelado, el matrimonio de su hijo es cuestionado por los pretendientes de la mujer más ambicionada por los hombres del momento por su cuantiosa dote; este Visitador no posee el poder suficiente para anular su posterior cesantía de su cargo por la fuerza. El talento del anciano proveniente de España con altos poderes, no pudo cumplir con la encomienda que le fijó el rey Felipe II, fue víctima de los enemigos del Cacique, quienes lo sacaron por la fuerza de su casa, este allanamiento también es reflejado en la novela y en la biografía elaborada por el historiador Ulises Rojas, haciendo referencia a El Carnero de Rodríguez Freyre.
    Con la llegada de Diego de Torres de España se llevó a cabo un enorme revuelo que hasta creó una leyenda de posible alzamiento de las tribus del reino; esto causó malestar entre los encomenderos, fiscales, clérigos y oidores comenzando una carrera que daría como resultado el aislamiento de Diego de Torres del Nuevo Reino de Granada, allí comenzaría a elaborar el célebre Memorial de Agravios, documento donde se denuncian los atropellos de los enviados del rey. A pesar de esto, todo indica que este documento fue archivado y no se le dio el efecto que muchos esperaban, la situación se mantuvo igual, salvo algunos casos. Diego de Torres es absuelto de su cargo porque Juan Prieto de Orellana tuvo mucho más poder que el Visitador Monzón para poner orden en esta parte de las posesiones españolas, esto se muestra en los juicios por separados que se realizaron y que resultaron como se había estipulado, los culpables pagaron su deuda con la ley. Aunque esta obra nos presenta este desenlace, no es lo que podemos llamar un final feliz, porque todavía la situación del Cacique de Turmequé no se resuelve, y en España con todo y su cargo en las caballerizas, sufre hasta el último de sus días de penurias y tuvo que pedir auxilio del rey en muchas oportunidades. La miseria padecida por Diego de Torres por un lado y por el otro Felipe II, quien murió de una forma muy triste, padecieron en un retiro particular: el rey debió retirarse a reflexionar dentro de sí mismo para recapitular sobre sus pasos por la vida; el Cacique de Turmequé debió hacer lo mismo en la ruina, siendo un noble de la cultura chibcha. Una superior comprensión de estos desenlaces tan extraños es inducida por el destino que entrecruzan ambos personajes.
    El encuentro del Cacique de Turmequé con Felipe II estuvo lleno de esa expectativa llena de fantasía que lo hacía imaginar aquel palacio real como algo fuera de este mundo. En su imaginación no debió estar nunca el encuentro entre ambos personajes reales de castas distintas, de esa segunda sangre que guardaba cada uno por su lado. Felipe II la alemana y Diego de Torres la mestiza. La bondad del rey Felipe II tiene su cometido cuando auxilia a los súbditos, pero esto que llega a sufrir el Cacique de Turmequé se desfigura con la ayuda que se le niega más adelante y que lo conduce a sufrir las malas cosas de la vida.
    Esta novela de la cual se ha tratado de dar una visión generalizada representa un intento por rescatar del olvido a este hombre que luchó toda la vida por sus derechos, lo que simboliza ha sido tratado de ser visualizado por Gilberto Abril Rojas, el efecto destructor de aquellas instituciones del pasado y las trampas sobre la conciencia del hombre; la fragmentaria y mortal naturaleza de su vida resulta dramatizada por esa constante lucha de la memoria, el perpetuo efecto de inmortalizar y dar sentido a su problemática existencia. El hecho que este personaje aparezca en El Carnero y en las Elegías de Ilustres Varones de Juan de Castellanos habla de la importancia de este hombre del siglo XVI.
    La Segunda Sangre es una obra que debería ser revisada y ser sometida a muchos trabajos de investigación para darle el puesto que se merece en la literatura de habla hispana. Esta versión de novela histórica debe sufrir el mismo perfil crítico de otras novelas continentales que han sido sometidas a estudio en forma continua y por tal efecto llevada a las escuelas para tener una perspectiva de una obra literaria con la inclusión de un personaje muy interesante de nuestra historia latinoamericana, si no ha sido colocado en el sitial que se merece se debe al poco interés por parte de los investigadores especializados de darle unas cuartillas en sus trabajos.
    Con esto podemos concluir que Gilberto Abril Rojas ha creado de la vida de Felipe II y Diego de Torres una fábula que recrea su propio espacio dentro de la obra totalizadora. Ella está llamada a escapar de la destrucción del tiempo.
    Como en las mejores novelas del género, La Segunda Sangre nos deja con un documento artístico que, como lo había establecido líneas atrás, contiene una afirmación final de la narrativa y por lo tanto de la literatura en un fundido histórico.
    El pasaje de la injustita constantemente aísla al individuo de su tiempo, los acontecimientos, pensamientos y sentimientos de los demás, arrancándole un sentido de inmortalidad. Este sometimiento a la nada sólo recuerda momentos misteriosos de ese alguien; la subjetividad de sus actitudes son limitadas por sus persecuciones. Cuando Abril Rojas dice que “Diego de Torres es un personaje esencial de nuestra historia”, quiere decir que a través de la desgracia sufrida por el Cacique de Turmequé, él pudo haberse erguido en un luchador social de su época a tiempo completo. Es claro que este elemento no asumido por Diego de Torres pudo haber cambiado la historia de haberse declarado en rebelión y convertirse en el líder de toda la población indígena, pero si el estar al margen no le ganó un espacio limitado, si le creó un rincón significativo para la inmortalidad en la vida literaria.

    Notas:

    1.- ROJAS, Ulises. El cacique de Turmequé y su época. Tunja, Colombia. Imprenta Departamental de Boyacá. 1965. p. 3.
    2.- Ibid., 7-8.
    3.- ABRIL ROJAS, Gilberto. La segunda sangre. Editorial Berkana. Segunda edición. La Victoria. Venezuela. 1988 p. 10.
    4.- Ibid., p. 22.
    5.- AYALA POVEDA, Fernando. Manual de literatura colombiana. Editorial Panamericana. Bogotá, D. C., Colombia. 2002. p. 262.
    6.- La segunda sangre. P. 73.
    7.- Ibid., p. 44.
    8.- Ibid., p. 53
    ___________________

    Ponencia presentada
    en el IX Congreso Binacional de Español y Literatura
    y en el IV Congreso Internacional de Literatura 2002
    en el Teatro Jáuregui de la Universidad de Pamplona, Norte de Santander
    Colombia

  • EDDY RAFAEL PEREZ Y LA POESÍA

    Eddy Rafael Pérez es un gran aspirante al Premio Nacional de Literatura y del album de los mejores poetas del país, ha visto el esplendor de la Mérida cosmopolita durante la lucha armada cuando fue asiento de grandes intelectuales del sur de América como Ángel Rama, Marta Traba y de nuestro país; trabajó en una obra muy peculiar y en cada creación se dedica a lograr un poema repleto de perfecciones, porque él sabe, como el desaparecido humanista caroreño Luís Beltrán Guerrero, que cualquier escritor es recordado siempre por una composición en especial, además, su genio es suficiente para concebir un tema específico y de convertir alguna experiencia en fábula lírica.

    Siempre ha estado al margen de compromisos que genera la política oficial, a pesar de ser un eterno invitado a La Habana y otros países caribeños progresistas donde ha llevado el legado de su obra a encuentros internacionales, podemos manifestar que no sacó provechó de su posición como docente, de la que sólo le encantó la formación de nuevos literatos y la educación de elementos apropiados para transmitir su ideario intelectual. Además del ejercicio de profesor universitario es editor, promotor cultural y oficiante de talleres literarios, donde ha dejado su huella perenne y el aporte de lo que ha aprendido en esta experiencia gratificante. Disfruta cada lectura de la poesía latinoamericana. El mataforismo claudeliano de Lautremont y el arrebato dialéctico de Roque Dalton, sus visiones clandestinas, le llamaron la atención paralelamente. Experimentó en distintas corrientes de la literatura le moldearon una forma de aprehender la realidad hasta que descubrió su manera particular de escribir y limpiar de una manera nítida su estilo, el cual lo ha hecho un clásico nuestro, en muchas cosas se adelantó al Grupo Tráfico y al Guaire, a quien sin duda alguna legó la traducción de la cotidianidad y recibió el visto bueno de Julio E. Miranda.

    No consideró la poesía comprometida, pero tomó aliento en el humor negro y la razón evocativa. Sus obras forman parte de un hallazgo artístico y mejor aun, de una formidable capacidad ling[uística. Su labor poética comienza con Me siento como un pájaro con alas cortadas preso en jaula de barrotes (Ediciones del Consejo de Publicaciones, Universidad de Los Andes, Mérida, 1978), Antología dispersa de la poesía venezolana (Secretaría Ejecutiva del Convenio Cultural "Andrés Bello". Cuadernos Culturales Andinos, Bogotá, 1981), es un trabajo único y extraordinario que le llevó cierto tiempo de rigor e investigación; Yo quisiera que me escribieran una carta desde cualquier lugar del mundo (Cuadernos del Solar, Ediciones del Instituto Municipal de la Cultura, Mérida, 1983); Sólo abro esta boca para tomar agua y comer de algunos frutos que abundan en estos campos, obtuvo el premio de poesía promovido por la Asociación de Profesores de la Universidad de Mérida, estado Mérida y además se hizo acreedor del Concurso Nacional de Poesía "José Ramón del Valle Laveaux" en 1987 en Ciudad Bolívar. Su primer poemario consta de ejercicios poéticos de relevantes facturas estilística que se solidifican en sus trabajos posteriores hasta llegar a un insuperable poema dedicado a Li Po, el estilo es sencillo, viable y como se puede apreciar, es portador de una integridad poética grandiosa sin la mancha de elementos retóricos.

    Toda su obra corresponde a un ciclo que no se cierra y el cual perdura con su valioso aporte a la poesía venezolana. En sus perfectas elaboraciones el lenguaje es explotado hasta su última vertiente. Eddy Rafael Pérez ha dado un gran ejemplo de fundamento creador, que ha sido profundizado con un juicio nítido y bastante amplio. Libro a libro, va entregando y codificando los distintos elementos de una labor creadora sostenida.

    Eddy Rafael Pérez nació en El Tocuyo, capital del municipio Morán, estado Lara en 1949 y no como lo ubica la desaparecida investigadora Elena Vera en Yaracuy. Se radicó en Mérida hasta el presente. Juandemaro Querales, que es un connotado ensayista e investigador literario, lo considera uno de los grandes poetas de su generación.

  • WILLIAM VILLANUEVA: MI SED CONTINUA

    El ejercicio y los resultados de los talleres literarios son, indudablemente, de una materia importante dentro del oficio poético en Carora. Incluso a nivel del escenario nacional con la participación de entes públicos estos conglomerados de participación son muy populares, de acuerdo a la opinión de Luís Alberto Crespo, llevan en sus aulas los más serios fundamentos de la creación. Ante el sueño del trabajo poético en el municipio Torres, con escasas excepciones, los poetas caroreños se reunían en la Casa de la Cultura, pero posteriormente Juandemaro Querales asumió el hecho para trazar la misión de dar una oferta más completa a la labor tallerística, dando vida a un proyecto dentro del ateneo, colocando en la visión de esta obra el principio de libertad de expresión y a las perspectivas de las tendencias sin imposiciones.

    La poesía caroreña tiene, a manera académica, la tendencia a bifucarse en dos vertientes bien definidas: una que trata de orientarse a los elementos formales y en forma directa a las manifestaciones técnicas de la poética. Por otra parte, se aprecia una sensibilidad creadora orientada antes que nada por la experiencia de las lecturas investigadas y por tanto, moldeada por el juicio crítico y la discusión de las corrientes de pensamiento recientes, aunque articulado a esto se presente un rasgo formativo fundamental y una orientación pedagógica no muy comunes. Entre un grupo de personas que han hecho efectiva su presencia en los talleres están Rafael Villanueva, Solhildemar Querales, Leonardo Pereira Meléndez, Nayarit, William Villanueva, entre otros.

    Esto nos sirve para poder ubicar el ámbito en que se da la labor creadora de William Villanueva. Encontramos en su oficio de la palabra un recorrido por el mundo de las revelaciones en su poemario Mi sed continua. Es un caso atípico el de este poeta a tiempo completo, donde en esta colección de poemas logra composiciones acertadas, se espera después de un largo receso los libros donde pueda ratificar sus cualidades con el universo lírico.

    Mi sed continua, llega a la luz pública a partir de hallazgos rescatados de lo aprehendido en el entorno, semblanzas que al ser abordadas por la creatividad de William Villanueva rescatan del cementerio de la memoria los vestigios de un paisaje visto desde la visión de lo renovado y la esencia de los sueños en la realidad inmediata. Aquí cobra vida Alí Primera, Neruda, Chío y los fantasmas de la existencia. El edén Aregue es un ambiente sin historia. Toda revelación de la vida cotidiana se vislumbra en ese paisaje lleno de xerófilas, sumergidos en la revuelta de los cambios profundos mientras el tiempo ciñe su dictadura y sobre cada ser cae la niebla de la nostalgia. Vestigio final que es onda de una "oscura realidad" que "estrena sus cadáveres".

    Estos poemas son un modo de manifestar a través de la palabra los detalles que hay en el entorno y esa aridez que persiste en el proceso de la vida. Muchas situaciones ínfimas resucitan de la evocación del poeta: la novia que lo amó, el cantante que fue su inspiración rebelde y las vivencias que le animaron a especular sobre un verso feliz. Apenas sobreviven las memorias perdurables dentro de esa orquesta que hace sonar el recuerdo.

    William Villanueva vive en Aregue, incursiona en el espectro radial y es el cronista silente de ese rincón del municipio Torres. Como todo trabajador social no ha recibido los beneficios de la burocracia y hasta su puesto como secretario de cámara lo perdió. Pero de su transitar por la cultura le ha quedado el ejercicio permanente de la vena de juglar, de allí nació la creación de esos veinticuatro poemas que conforman su primera publicación, dada a conocer por Editorial Berkana en 1999. Pero su voz sigue soñando con trazos más ambiciosos.

    Los poemas que forman parte de dicha colección son el producto cuidadoso y selectivo de lo alcanzado en los talleres de poesía dictados por el insigne poeta Tito Núñez Silva, el magistral rapsoda Eddy Rafael Pèrez y el virtuoso Juandemaro Querales en el Ateneo de Carora "Guillermo Morón".

  • MODELO PARA ARMAR: PRACTICA POETICA

    Aunque en su libro de ensayo Leonardo Pereira Meléndez manifiesta: “Particularmente a mí no me gustan los poemas largos. La pasión y el placer se pierden y el deseo desaparece por completo”, considerar esta alternativa no estaría ajustada a la realidad, los poemas largos forman parte de una ruta que lo conducen abiertamente hacia composiciones extensas y hasta el género en prosa, con cierta capacidad emotiva y expresiva con basamentos propiamente lingüístico y sensibilidad estética.

    En su breve tránsito por el campo literario, la poesía ha sido su plato fuerte, durante mucho tiempo como oficiante de la palabra ha estado fascinado con el género, evolucionando hacia planos más ambiciosos a entablar amistad con Eddy Rafael Pérez, el cual parece despertar en Pereira Meléndez ese genio que estaba oculto en sus entrañas, el cual broto para romper las barreras de lo indecible. La experiencia del taller literario pasa a formar parte de una quema de etapas y un ejercicio formativo para ir armando su rompecabeza con la intención de dar a conocer su percepción poética. Esa voraz manifestación literaria puede ser expuesta así:

    “Desde que toma conciencia de su vocación, comienza por leerse a sí mismo en interior silencio. Luego que ha puesto en palabras el poema, suele leerlo en silencio interno. Ya escrito, no es raro que lea para sí, a solas, y quizás en voz alta. Acaso lo último es que decida a leerlo para otros”. 1

    La iniciación en el caso de todo escritor funciona como una lección tímida, para luego ir evolucionando con el roce que proporciona la confrontación; este hecho aunado con el trabajo a diario en las enmendaduras, tachaduras y correcciones de hojas escritas orquestan un paso hacia la madurez, complemento de la ceremonia fascinante como lector y traductor de la trayectoria de autores de otras latitudes. Para el autor de Lacerado, el militar en el oficio de la poética es una situación que tal vez venía imaginando y maquinando ya en su tarea como creador literario, donde afloraron sus visiones sobre la formación del delincuente juvenil en nuestra sociedad, apreciaciones filosóficas, rechazos sociales, políticos y menudencias amorosas que moldean una propuesta sencilla, rica en vivencias intensas y profundos ideales, metódicamente elabora poesías sin rebuscamientos de mecanismo extraliterarios, tomando en cuenta que la densidad puede generar aburrimiento ante su interlocutor, el más sano crítico de una obra. Esta milicia en el género poético no es producto de la casualidad, responde a una inclinación particular ejercida por la razón, dando a sus intuiciones de aprendizajes el funcionamiento de una preocupación estética.

    “La creación poética se inicia con violencia sobre el lenguaje. El primer acto de esta operación consiste en el desarraigo de la palabra. El poeta arranca de sus conexiones y menesteres habituales: separados del mundo informe del habla, los vocablos se vuelven únicos como si acabasen de nacer”. 2

    __________________________________________________________________
    1 Escalona Escalona, José Antonio. Lector de Poseía. Academia Nacional de la Historia. Caracas. 1984. p. 63
    2 Paz, Octavio. El arco y la Lira. Fondo de Cultura Económica. México.1994. p. 38

  • AREGUE

    Muchas cosas me contaba doña Hilda de Aregue, allí fue sepultado su esposo Tista Querales, en un cementerio donde se debe hacer un ejercicio bastante complicado para entrar, a veces se debe saltar las paredes, bajo la mirada de los chivos pastando bajo la sombra de una tuna o un dividive, pero esta población ignorada por Juan Rulfo debió haber recibido un espacio dentro de su inolvidable colección de cuentos de El llano en llamas, lo cual le hubiera dado el premio Nobel de Literatura, sólo Willian y Rafael Villanueva conocen bien las cotidianidades de aquel paraíso olvidado, ellos con modesta poesía le han cantado a su lar natal y erigen ese íntimo material literario con creaciones particulares.
    Nuestra historia fabulada, dentro de un esquema de falsedad y radical enlodamiento oficial, fue moldeando un viejo mito, su carácter de espacio novelesco y su maravillosa arquitectura dentro de la ficción. La fantasía comenzó con un farsante llamado Cristóbal de la Barreda, quien fue el objeto de los cronistas, quienes se encargaron de relatar la odisea del hombre que se salvó de un naufragio, apelando a los rezos y a la bondad del Todopoderoso. Este pueblo tiene una iglesia muy hermosa llamada Nuestra Señora de la Chuquinquirá, sobre ella descansa la historia del comerciante español del siglo XVIII. El templo es el centro de atención antes y después de la Semana Santa, el pueblo es invadido de innumerables visitantes, invasores de oficio, amantes de las curiosidades turísticas, como la existente en la bóveda de la iglesia: los angelitos negros. Con igual maestría estilística, pero sin mayores atributos y efectos barrocos, el pintor se encargó de darle un regalo colosal a la virgen con esos serafines armoniosos. Ni lo vitrales de Espinoza llaman poderosamente la atención como los niños alados. Con la crítica opulenta que aporta doña Hilda, me alegra descubrir aquellos hallazgos, recreándome con los presuntos juicios de valores que me hace sospechar de los historiadores locales y estudiantes que suelen dilucidar cosas fueras de contexto. Esculcar la iglesia nos da la alternativa de considerar múltiples lectura de la realidad de aquella edificación por lo demás hermosa con todo y su calor peor que el de Comala. Para ser más exacto esta región desértica tiene 393 años de fundada por un caballero llamado Francisco de la Hoz Berrío y es indicio de una urbe coloni al.

    Lo cierto es que a doña Hilda siempre le escuché decir que muchas personas de Aregue son malucas, para ella "vinieron al mundo con la mala intención en el corazón". A veces el encargado de las llaves del cementerio nos miraba llegar y no le importaba el sol pegajoso, su conocimiento del Manual de Carreño era pírrico, pero debemos recordar que un médico de cabecera de Chávez es de Aregue, buena gente de paso, pero el hombre de las llaves resume su fórmula mágica en la posición hostil contra los parientes de los finados, sin importarle de qué parte del país procede, ni si viene agotado de cualquier punto cardinal del universo. Por eso, saltar como delincuentes la varda o la verja es un ejercicio común y corriente, por lo menos hasta lo que yo pude presenciar oportunamente. La actitud mezcla la sátira, el humor negro y las redes amplias de la composición literaria con una traducción nada literal de la situación. Aunque no participe la técnica académica en su relato doña Hilda, ella demostró con su conocimiento ingenuo un delicioso pasaje narrativo, lleno de gracia, onírico, a manera de crónica, hasta mejor que esas cosas extraordinarias que hace Gabriel García Márquez, como esas soberbias leyendas que encuentra en las páginas de las sagradas escrituras.

  • SOLAMENTE 15

    I

    Sólo mil veces he tocado

    todo tu leve cuerpo

    Sólo mil veces

    tu selva entre las piernas

    Sólo mil veces mis manos

    no han descifrado otro ejercicio

    II

    El tiempo menos vano

    El río es del tamaño del enigma

    Un dios,

    seguramente un dios,

    rescata los argonautas del olvido

    III

    En esta mesa,

    en esta última cena,

    llega inocente la traición

    IV

    El verdugo no concede

    mi último deseo de hombre

    En las calles hay mujeres de todo tipo

    A mi me acusaron de algo,

    eso lo sé,

    de mi fortuna no puedo hablar.

    V

    El último destino

    es el mar

    el río llegó primero

    pero

    nunca he sido el morir

    VI

    Sucedió en el último reino,

    un caballero acordó una gris sentencia.

    Nadie rogó.

    Llegó el triste final.

    Aconteció por vil escarmiento a ejecución.

    No importa si fui Aquiminzaque

    o el rey de todo aquello

    VII

    Antes de cantar el gallo lo negó

    tres veces

    primero en el bazar

    luego al frente de la mezquita

    y por último camino a casa.

    La mentira es el oficio más sencillo.

    VIII

    Terribles infamias

    y malévolos designios

    anticiparon el orden de la profecía.

    Añoro

    la última tarde

    en que falleció el amor.

    amo del escenario

    IX

    La casa solitaria

    Nido

    del silencio.

    Posada de fantasma.

    X

    La lluvia ampara un río intrincado

    con poca vida en la casa.

    El pánico de las rosas

    invade el jardín

    Cerca de la calle

    montones de objetos

    y lodo arrastra.

    Sólo salvamos poco de nada

    y aceptamos

    lo que conjuga el destino:

    caos y miseria.

    XI

    Un pecado peor

    La última

    de las lentas

    horas de agonía.

    Mañana

    voy a invadir

    el sentido

    de una parábola.

    XII

    La melancolía fatiga los recuerdos.

    No es menos

    eco de enigmas.

    Es un alud de desgracias

    En que naufrago yo

    con ánimo de herido.

    XIII

    El hombre retó a la muerte

    y es el escogido.

    El ocio inagotable de la aventura.

    El peso enorme del disparo.

    Cada ejercicio

    es una grata locura

    que indagaste sin sentido

    XIV

    Los actos compartidos

    con las naves de Lepanto.

    El lucero seguido

    por los reyes

    y la sonriente luna.

    Juan de Austria no sabría ordenarlos

    Es el libro del tiempo

    o la magia de un sueño con cosas raras

    XV

    Música de selva

    Dulcemente de todas partes.

    Se desprenden melodías de dulce cadencias

    Es un mágico alud

    de aves del trópico

    Extraordinarias criaturas

    con memoria

    de libertad

  • EL DEBUTANTE

    El deseo y la felicidad no pueden vivir juntos

    Epícteto

    Estudié las distintas maniobras para deshacerme de su esclavitud: poco sirvieron los argumentos de psicología, los reproches, las palabras vulgares a los cuatro vientos; mis intenciones por terminar el drama que me ocasionaba ella resultaban negativos, pero no podía perder tiempo en esta oportunidad.

    Una tarde de verano, después de terminar mi labor en la universidad, me asilé en la alegre parranda del Club de Baco. Mientras me tomaba el tercer o cuarto Tom Collins me puse a detallar el problema en que me había sumergido hacia el estallido de los placeres. La certeza de que mi propio carácter había colocado una guillotina alrededor de mi existencia me ocasionaba cierto malestar y al mismo tiempo me llevó a entender algunos asuntos que escapaban de mi conocimiento. Entre probar y buscar soluciones a todo nada pude hacer. De tanto examinar una y mil veces la situación llegaba al mismo resultado: la lujuria me estaba tendiendo un serio tropel de enredos, por eso las probabilidades de salir airoso no formaría parte de mis errores matemáticos. Terminé aceptando la maestría de mi confabulación: ella acabaría siendo víctima de sus planes malévolos sin oportunidad alguna de liberarse de su maldad, le brindé la misma alternativa que en los mejores momentos supo manejar, y ahora que su cuerpo blanco tanto sentimiento causaba en mi comportamiento, ahora que no me podía manejar a su antojo como un monigote, debería convertirme en el más hábil jugador para deshacerme de su influencia.

    Debería trabajar con mucho cuidado, pues ella conocía desde la a hasta z los más recónditos pensamientos de mi cabeza. Sin embargo, un extraño capricho me detenía en mi invención: la destreza que ella manejaba en el dominio del kamasustra tenía otro impedimento preciso, el aroma mágico del sándalo en su piel, lo suave de su larga caballera, el lenguaje de las caricias, la libertad en la cama. Desde el principio, su poder de hechizarme se iniciaba con una ceremonia seductora ignorada por mí, el deshojarse de cada vestidura, la dulce fantasía de cada movimiento coordinado pasivamente: la forma extraordinaria de despojarme de la ropa terminaba cediendo mi aplomo de hierro.

    Tuve la habilidad de realizar una maniobra apropiada, sencilla y eficiente. Ignoré en todo momento cualquier ruptura traumática, pues una batalla salvaje podía levantar claras sospechas de repudio de los familiares, allegados y amigos. No me niego a pormenorizar las alternativas que me obligaron a saltar encima de ella como un animal irracional para disfrutar de las riquezas innumerables de su cuerpo y terminar atado al calor de su piel como un loco por una simple insinuación. Era la copia al carbón de Diosa Canales sin ánimo de exagerar. Terminé haciendo una simple carta, tomé un papel de block corriente y con el alfiler pinché un dedo para utilizar la sangre como tinta.

    El día del rompimiento me levanté cuando cantó el gallo tres veces, tomé un largo baño y la miré como si se tratara de la primera y última vez buscando un pretexto inexistente. Mi actuación no debía dar motivos a ninguna sospecha. Me puse la ropa de la primera cita y sin molestar a mi amante, salí sin hacer ruido para no despertarla. Entonces no dijo nada, no me porté como un caballero al abandonar la habitación sin despedirme: ni siquiera sintió mi mano deslizándose por sus nalgas al descubierto o mi manía de quitarle la cobija con sumo cuidado y darle un beso en los senos. En la calle se extendía el bullicio de los carros con su polifonía de cornetas altas y graves, los peatones apresurados y como siempre alterados; los pregoneros anunciando las noticias del día anterior. Un compañero de clase me vio y se paró para ofrecerme la cola. “El secreto de la felicidad es tener gustos sencillos y una mente compleja, el problema es que a menudo la mente es sencilla y los gustos son complejos”, pensé o creí haberlo visto en alguna obra de Fernando Savater, y con mucha decisión me acomodé en el puesto trasero porque el carro estaba casi lleno, adelante estaba la novia de mi compañero de clase y a mi lado una joven de la Escuela de Arte que mostraba parte de su anatomía para llamar la atención de todo el mundo. Desnuda debería ser una mujer extremadamente perfecta.

    Notas sobre la novela de Miguel de Cervantes, el almuerzo en los tarantines de los alrededores de la universidad, la lamentable noticia de la muerte inesperada de la estudiante de Comunicación Social, las rabietas de la profesora de Morfosintaxis del Español, se unen en la parsimonia de una jornada común y corriente. Y de todas maneras, la rutina del día me lleva a la entrada de la habitación; veinte o más escalones hacia el primer piso; la botella de caballito frenado envuelta en una bolsa de papel, escondida entre los bolsillos de la chaqueta; podría un agente policial confundirla con un armamento, un artefacto explosivo o simplemente con un pan campesino. Frente a la puerta de madera acomodo el número que siempre está volteado o al revés mejor dicho, toco tres veces pausadamente y una mano blanca se desliza en la oscuridad del pasillo y mi cuerpo se deja llevar por el extraño paraíso de la exótica habitación. En el interior de la habitación todo es distinto. Cada objeto está colocado metódicamente en su lugar; los detalles de una mujer ordenada se dejan sentir. Enciende la luz y la mujer está con un kimono de seda transparente, se ve tan hermosa y perfecta como las damas de compañía de las páginas de internet; me mira con familiaridad y en su rostro puedo descubrir vestigios de un encuentro fortuito con otro cliente; sus ojos están achinados, ella se ha acostumbrado al amparo de una luz tenue y cenital, yo me dejo llevar por su territorio. Me despoja de la camisa primero, luego de los pantalones, las medias y la ropa interior, colocando la botella sobre una peinadora donde tarda más de la cuenta peinándose y haciéndose un ligero maquillaje. Se ríe maliciosa al imaginar el breve tratamiento que me tiene reservado. Me toma por el pene y se endurece como un tronco: puedo sentir un sobresalto insólito en ella. El primer movimiento debe soportarlo ella en medio de un leve quejido: la sorpresa del tamaño bastará para causarle cierto temor, y sus ojos, inundados de lágrimas, se cerrarán con el movimiento brusco en su interior. Con la inexperiencia de un joven de mi edad me lanzó con cierta lentitud y me la pongo arriba como en las películas triple x, y un momento antes de que el falo comience el ayuntamiento, puedo ver las lágrimas, cayendo sobre mí, los labios de la vagina lubricados, el oleaje sencillo de un miembro accionando el uno con el otro.

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