A mi regreso de un viaje por Tunja busqué por los sitios históricos memorias del pasado, casualmente encontré a Plinio Apuleyo Mendoza cerca de la casa en donde vivió don Juan de Castellanos. Mi curiosidad creció por la forma de cuidar el patrimonio cultural y los sitios de interés para el turista. Gilberto Abril Rojas, sus primos Abrahán y Pacho aguardaron en el exterior del Monasterio de Las Clarisas Descalzas donde permaneció el resto de su existencia sor Josefa del Castillo. Había en la edificación objetos de flagelación y en las paredes donde dormía la religiosa pedazos de hojas de papel haciendo las veces de tapiz bajo el dominio de los frisos. Se mantenía el dorado en las decoraciones de lo más rococó como diría el guía. Todo en el mundo tiene su precio, pero me extraña lo barato de la entrada a este monumento. Estoy seguro que muchos visitantes se habrán quedado perplejos al entrar en contacto con dicho lugar; no había esperado algo más precioso que me llamara tan poderosamente la atención y de hecho con los mil argumentos para levantar la ambientación de un texto. De hecho me hicieron transitar mis amigos por otros sitios de gran interés como el Pozo de Donato, la casa del fundador y el templo de los antiguos muiscas donde se realizaban sacrificios al culto pagano. Me temo que los lectores estarán esperando que la hablara del vallenato o la carranga que ya sé que también se escucha con mucha o poca frecuencia y que al conducir un automóvil prestado se deje sentir el son alborotado de la música de los barrios norteamericanos. En el único sitio donde no pagamos para entrar fue en el cerro de San Lorenzo, debimos saltar una verja de hierro fundido, todavía se mantiene la piedra de sacrificio y un sitio más o menos empinado para arrojar a los infieles.

La verdad es que no me honra haber saltado como un maleante este sitio sagrado pero uno no sabe cuando vuelve a pernoctar al lugar y deseaba tener una imagen veraz de dicho escenario donde acudía Aquiminzaque y sus ancestros antes de la penetración cultural española. Somos pocos los que tratamos de alimentar nuestro capital cultural sin imposiciones, ciertos gustos se nos quieren minimizar hoy en día, por una patología ideológica fracasada en el seno de su invención, no estoy de acuerdo con hacer desaparecer nuestras tradiciones y costumbres, menos cuando casos como el de la burocracia partidista venezolana trata de desplazar a la burguesía incipiente que es una minoría, por no denunciar el clan familiar gubernamental que viene amasando una gran fortuna de la cual dudo que al fin de cuentas logre desprenderse de ella para convertirla en bien colectivo. A esto debemos agregar la pugna desmedida por capitalizar el espectro radioeléctrico y televisivo para obligar a todo el mundo a escuchar las estupideces en cadena nacional que un actor único deja plañir sin descanso articulando chistes horrendos con odios viscerales de beatas insensibles. A veces es terrible ver a personas que consideran la actuación de nuestros gobernantes como si fueran productos originales, por ejemplo, no han hojeado el Libro Rojo de Mao, las mañas de Fidel Castro hacen mella en el presidente Chávez desde la usurpación de la vestimenta verde oliva hasta las manifestaciones gestuales: la postura de muchacho peleón es la misma de un malandro acompañado de sus acólitos, pero cuando andan solos el pánico es fruto de su indefensión. Es la postura indeseable del abuso de poder. Muchas veces me han dicho escuálido por no estar totalmente de acuerdo en cada cosa de lo que dice el presidente, pero yo me pregunto que posición asumiría él si bajo los puentes de Caracas pasara un F-111 y rompiera la barrera del sonido una sola vez, seguro mantendría los mismos lloriqueos de cuando el Museo Militar y llamaría a cuanto títere estuviera a su alcance para tolerar la crisis que terminan en curas de sueños.
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No voy a dedicar más líneas en quien no lo merece en materia literaria, de pronto mandan a clausurar el Internet como sucedió con la confesión particular de Poleo que causó desmayos en los retratos de Velásquez que se pueden levantar en las sesiones de la Asamblea Nacional, otro bodrio que acabó con una herencia bolivariana por un cliché isleño. En la ciudad donde llevó varias décadas viviendo los monumentos históricos no tienen un asidero particular, la Casa Mariño fue rescatada por un hijo victoriano cuando fue ministro de cultura, pero la iglesia Matriz en cada gobierno recibe el mismo tratamiento desidia y más desidia, hotel de indigentes y baño público de grandes y chicos. Los que me conocen desde niño siempre han sabido que soy un fiel seguidor de las ideas de izquierda y me llevé tremenda decepción cuando consideraba que los militares del gobierno harían una buena administración en el mundo civil, pero pararon en el mismo caso de la cuarta república que tanto repudian y zapatean como si su formación no naciera de la misma. Lo cierto es que la ciudad es un libro abierto en toda su geografía pero el cronista se dedica a coquetear con los gobernantes locales de turno y a cambiar de color según la ocasión, pero ni lleva una documentación a la usanza de los cronistas de Indias, incluso en pocas oportunidades ha salido a defender edificaciones como la plaza de toros local, la misma iglesia durante su gobierno fue insultada por un centro comercial que está casi al mismo nivel del pararrayos. También confieso que algunas veces la torpeza de los gobernantes locales ha sido tan aberrante que hasta posesiones de la comunidad han sido usurpadas como la casa de la familia Blank cuando fue saqueada por el alcalde, el mármol de Carrara de la plaza Ribas que fue a parar a un garage de un mandatario de La Victoria por no citar lo hecho por Luís Blanco cuando abandonó el Palacio Campo Elías. Todos tenemos gustos o inclinaciones hacia nuestras figuras heroicas con o sin los errores que pudieran haber cometido. Hace poco recordaba la felonía de los talismanes cuando destruyeron los budas gigantes, las esculturas de Botero destruidas por los guerrilleros, el cuadro de Bolívar dañado en La Casona por los golpistas, los monumentos de Colón dañados por los partidarios de la roja rojita y tantas cosas absurdas más. No entiendo todavía por que se nos hace aparentar odio hacia asuntos que sabemos son de bien colectivo o común. Tal vez cuando las personas que están estudiando en las misiones del gobierno entren en razón y la fantasía le de paso a la realidad entiendan la verdad de lo que acontece, asumiendo el hecho de crear conciencia y una visión distintas hacia nuestro patrimonio histórico, tal cual como lo ha dicho alguien, apelando a los cronistas comunitarios.