Bajo el mecenazgo de Zenaida Portacarrero apareció en Barcelona, España, hacia 1999 la obra Memoria del amor de Alfredo Saavedra, una edición privada de apenas cien ejemplares. El oficio poético de este autor guatemalteco da como resultado una aventura idílica y del estallido de los sentidos, de un amanuense lúcido que funde a partir de su experiencia particular, una crónica de tono existencial y emocional, también una sensibilidad afectiva y experimentaciones del erotismo.

Fue tu condescendencia
en la noche nupcial
con la sombra proyectada
desde esa luz que alumbró tu adecuada posición,
el prodigio de una fiesta
prometida en la sorpresa de tu disponibilidad recreativa,
desbordante en el torrente caudaloso
de mis nervios obstinados de fervor
agradecido y recíproco.

Su pasión tiene que ver con la revelación. La fluida paradoja, el descubrimiento del tálamo como memoria bullente del rapsoda, donde mitos y edenes líricos se van articulando con el hecho íntimo.

Así mi sangre se elevó como un árbol
crecido en la fiebre
que hervía en la impaciencia;
la llamarada que extinguiste
con el manantial de tu epitelio,
lluvia acertada sobre
la desesperación en que
agonicé por ti.

La composición poética de Saavedra guarda múltiples significados. Desafiante mantiene la soberbia de los detalles de vivencias profundas en cuyo vacío sentimental la nostalgia y sus ensueños nos llegan crudamente, hace participar al lector en su aventura imaginaria hasta que aparece un universo preñado de un goce retrospectivo-eufórico, el tránsito efusivo, que despierta en el jardín de las delicias y las turbulentas filiaciones que se proyectan en el universo de las cotidianidades de un visible realidad con furores, ritos y susurrante temblores que quedan sembrado o plasmado en un entorno donde todo no puede llamarse maravilla sin ninguna connotación simbólica. Reflexión que es desgarradora en su transformación interior pero que nos deja una nota agradable en nuestra cabeza por mucho tiempo.

Cómo resignarme a tu olvido
si no hubo forma de mencionarte
sin que se levantara de mí
un torbellino remecido sobre
tu temperatura saludable;
la dimensión de tu calor posible
y la salvación comprometida
en la solicitud de tu piedad
para redimir esta obsesión por ti.

Las propuestas líricas son permanentes; la valoración del amor, es el explícito reflejo de la memorable condición humana. La cita clandestina, el rompimiento y el dominio denigrante de las limitaciones del entorno. La búsqueda permanente, el altercado, los trámites de la reconciliación, la confidencia constructiva, el descubrimiento de una nueva batalla en el ámbito del sexo. Es en esta revelación, en la labor creativa del poeta, donde descubrimos esa realidad tangible de la que tanto escuchamos a diario: la inefable presencia en el escenario sensual, las imágenes en su extensión y profundidad. Claro está, la enunciación del lenguaje nos hace una captación constructiva de la configuración poética como tal, que no pregona mucho Alfredo Saavedra.

Entonces acepté tu manzana incuestionable
porque quise pervertirme en el
pecado inevitable
de tu fruto pertinente.

Por eso encontramos esencial la afirmación, la abierta de las latitudes del amor: el encuentro, las emociones, las circunstancias, el cuadro amoroso en aspectos donde la existencia y el rompimiento se mezclan en una sola fórmula.

Cuando te despojabas de tus joyas
de tus atuendos particulares
tus prendas secretas
y apretabas espacios para que anidara tu holgura
consecuente conmigo,
nos sumergíamos en la evanescencia
de nuestras aguas inauditas,
la delirante extenuación acogida en el reposo
para el sueño apacible de nuestras tentaciones.

En Memoria del amor el autor retrata la evocación como eslabón, la intimidad es más profunda, las reflexiones pertenecen a un espacio abierto que se hacen sentir desde el centro de una composición llena de imaginación, transformada por el hilo conductor que proporciona múltiples sugerencias.

Era así que había obsequio en tu mirada
muy indispensable para el gozo,
evidente en la promesa
de mostrarte con la gracia
del regalo de tu modo.

El amor visto por el poeta fluye por los cauces del gran delta íntimo, se hace indagación estética a cada nueva composición, se permuta con la habilidad que sigue al verso feliz, al hallazgo de la belleza interior. El tejido de palabras es fruto de un discurso claro, es la ocasión para penetrar las grietas del corazón y crear el big bang de la creación que está inserta en un poema que no deja de evolucionar para embrujarnos con sus alcances.

Así que en tu descenso al sueño
despertó la luna de tu desnudez espléndida

Alfredo Saavedra, sin duda ya se ha labrado un camino estable en la literatura de Guatemala, su dominio lingüístico, el manejo de elementos psicoanalíticos, míticos, la enajenación de la historia, lo hacen visualizar como un autor de alto vuelo.