ADAGIO

Vivimos en la mente

Wallace Stevens

Ronda por mi cuarto como un animal

con tanta furia

que en mi se aloja.

Se vuelve algo que no se puede descifrar

y se borra

como un error más de la cabeza.

Ejercicio

que no resuelvo nunca.

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FLUJO DE INTIMIDAD

A tus deseos

Sometes mi revuelta.

Impones a tu voluntad mi castigo

que no puede evadir.

Tus errores

los corriges con mi ceguera

al margen de no ser agonía.

Me condenas

sin apelación

más allá de toda comedia.

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ULTIMA TARDE

Repentino ocaso,

noche de trámite

y las palabras que buscan acomodo.

Sirenas de empresas, patrullas y ambulancias.

Las cosas no vistas del agotamiento,

La fatigable laboriosidad.

El estrés

producto del descontrol

y nada de faltar como fanático al bar,

visto bueno aprobado,

manifiestas

el inventar alguna locura.

Tarde que no regresa

indiferencia a un enfrentamiento

en el seno del hogar.

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COSAS DE LA RAZON

Cuando es fatal que nadie me comprenda

mi razón se encoge de infedilidad

y destierro a la dulce muchacha rebelde

de mi existencia,

pero vuelve valiéndose de un código amoroso

y me conduelo

sin temor a equivocarme.

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ALUSIONES

Trampa oculta en los senderos de la vida.

Poca oportunidad para aquel tipo gris.

Siempre él te acecha

y es como si amara sin omisión.

Me la paso actuando como un loco

que nunca quise ser. Repto por las calles.

Es tan fácil cambiar de identidad.

Padecer de un dolor curado a medias.

Sin eso no tienes nombre.

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LADRONES DE SUEÑOS

Ladridos de perros,

piques de autos,

bebidas que despiertan el ánimo,

y gritos de alguna fiesta cercana,

triste alianza de la noche.

Los vecinos no quieren saber nada de muertos.

De rencores contra los ladrones del sueño.