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Posts archive for: September, 2009
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    Cuando se habla de literatura cubana el nombre de Reynaldo Arenas sale a la palestra, un novelista que cubre siempre al intelectual latinoamericano, se nota en su labor creadora la visión de la realidad asociada a una premisa maravillosa que pesa mucho, acaso en demasía, la crítica social, la que se sufre y la que se padece en la cotidianidad. Lo triste es que su condición de disidente hizo posible que fuera una excluido en la Cuba real maravillosa de Fidel Castro, para un trabajador de la diversidad literaria, donde El mundo alucinante padeciera ese silencio inquisidor que pudo poner la obra a la par de Rayuela de Cortázar, La casa verde de Vargas Llosa y Cien años de soledad de García Márquez. Cuando algunos especialistas de las letras descubrieron su manifestación narrativa entraron en contacto con la mencionada novela, en este autor vieron una fuente inagotable de estudio sobre el tema.

    Así nos entrega con peculiar estilo la reconstrucción de la vida extensa del mexicano Fray Servando Teresa de Mier, la de la desaparecida violencia batistera, la de los grandes males que aquejaban a la Cuba romántica antes de la liberación nacional y en pleno desarrollo. En cátedras universitarias de muchos países, estudian el aporte novelístico inventado por su genio; por eso en sus creaciones narrativas se percibe siempre el dominio certero sobre el acto de relatar las cosas más insiginifcantes para llenarlas de magia.

    El drama de Reynaldo Arenas pudo haber sido declararse homosexual en un reino dominado por el gorilato, lamentablemente ningún escritor cubano de los últimos cincuenta años ha levantado la pluma para cuestionar al supremo gobernante perpetuo momificado en el poder.

    En su infancia vivió los efectos de un país gobernado por aquel sargento que se hizo dictador con fama de sanguinario, pero como los revolucionarios, hizo historia se quiera o no, esa es la absurda realidad. Fulgencio Batista y Fidel Castro son las dos caras de la moneda en su problemática existencial. Al escritor nacido en Aguas Blancas el proceso de cambios en la isla le acarreó muchos problemas, pese a su matrimonio con la actriz Ingrávida González, la obra Celestino antes del alba le causó la prisión en el Cuartel Miramar y posteriormente bajo humillación fue obligado a firmar un documento contra su voluntad que le daría la libertad.

    No le sirvió de nada formar parte de la juventud revolucionaria, esto pasó por el piso. Aunque a través de un ardid cambió de identidad, su producción de casi veinte obras entre novelas, cuentos, poesías, ensayo y obra de teatro, el verbo de su pluma fue silenciado, la élite del gobierno fidelista dejó caer la guillotina de la mala fama por encima de su vocación de gloria de las letras hispanoamericanas. Se suicidó en Nueva York y acabó con su larga cadena de infamias.

  • DE LOS CUENTOS

    En los relatos iniciales de Ahora me toca a mí, el ambiente es exclusivamente urbano: es La Victoria. Pero al avanzar en la narrativa, busqué regresar a las lecturas de la infancia, a los descubrimientos de las novelas de aventura. Recuerdo que alguna vez hablaba con Natasha sobre Londres y ella decía que era una metrópolis un tanto agitada, con historias para regalar: el cuento del guardián de la Torre de Londres Edmund Lenthal Swifte, la historia del barbero loco Sweeney Todd quien fue víctima de una atroz maldad, el sitio preciso por donde pasa el paralelo de Greenwich que nos partió en dos hemisferios cuando compartimos en pleno abrazo un tórrido beso frente al observatorio viejo, la inclemente guillotina del Big Ben marcando la hora exacta, el alebrestado barrio chino, el Cafe Emm en 17 Frith Street y el paseo por el Támesis.

    Es algo distinto lo que dice Sergio Medina, uno de los poetas más representativos de la urbe victoriana, que Pablo Neruda: es una ciudad tan hermosa que si uno se queda en verano en cualquier casa de la localidad, allí permanecerá para siempre sin udarse a otra parte. Por otro lado, si algo debe recordarse del período de verano de La Victoria era la presencia de las cigarras o chicharras con su concierto estridente bajo la tortura del calor. Una apariencia de manifestación pueblerina sin discotecas, tan alejada de aquellos festejos alarmantes que encontramos en las novelas costumbristas y que a veces vemos reflejadas en el cine nacional.

    Durante mucho tiempo, Natasha y yo, aprendimos a sentir un hondo apego por esta ciudad llena de un gran fervor humano y denominada la Atenas de Venezuela en alguna oportunidad, así pensé rescatar ciertos hechos conexos de este paisaje donde mi crianza corrió alegremente y eso dio como resultado un pequeño tomo de cuentos muy queridos por mi: Ahora me toca a mí, publicado por un humilde sello editorial provinciano que sigue en silencio pero me brindó la ocasión para publicar. Allí hay algo muy curioso que llama poderosamente la atención de muchos lectores: la manifestación de criaturas casi irreales que forman parte de situaciones paralelas en cualquier ciudad latinoamericana, cuyo tema sigue siendo la violencia e incluso la invasión de propiedades privadas, la droga, el sexo arcaico, que de cierta manera se puede asociar con nuestro continente iberoamericano: el producto de las perversidades del capitalismo.

    En efecto, en aquella época era un tiempo romántico para quienes militamos en la izquierda que se levantó después de la pacificación y un armisticio que hizo cambiar el rumbo de nuestra manera de pensar, sentir y formar parte de una opción distinta a la adeco-copeyana.

  • PERDICION POSIBLE

    EN LA OTRA BANDA hay una prostituta muy gorda. Se me hace imposible visitarla en los días de lluvia, pero cuando la busco, formamos un bochinche del otro mundo. Sus actos como improvisaciones tienen por escenario su casa.

    Desde los alrededores de la Plaza Ribas, que son un caos, la cito: mi cuerpo, entonces, se llena de impaciencia y sigo el curso de mi pasión encendida; se convierte en cómplice de mis fugas; me consuela desde que sufro esta locura.

    Recuerdo la primera vez que la encontré. Estaba perdido y mi memoria, aunque enredada, no era aun el aparato que reconoce el mal tiempo cuando se avecina la tempestad. De eso ya perdí la cuenta de los años.

    Todo comenzó cuando mi familia creía en los comentarios mal intencionados que los vecinos del barrio hacían sobre mí. "La droga, es lo que tiene loco a ese muchacho", decían. Fue entonces cuando se declaró la guerra sin cuartel. Llegamos a maltratarnos acusando a nuestras generaciones de seres malditos. En alguna forma, todo llegó a su fin, claro está, con la desgracia. No es fácil confesarlo, pero fui acabando con ellos uno por uno: trampa a trampa y luego el golpe maestro. Alguno resistió, más no su aplomo y compostura. ¿Por qué no pensar en la venganza, si fueron ellos que enredaron mi vida en funestos altercados?

    Hace poco cumplí otro año de existencia. Hace tres días lo celebré, mejor dicho, lo celebramos. Botamos la casa por la ventana. Mi gorda prostituta y su hermana, que le hace falta una pierna, se aparecieron con una torta que comimos en compañía de Carmen, la enfermera; hablamos solo lo necesario. No le conté acerca del desastre familiar. Imaginaba la cara de espanto y los comentarios que se hubieran intercambiado. Insisten en que ellas, con el resto del mundo que vive afuera, conforman el club de los normales, de los intachables. Me importa un bledo.

    Dije lo que debía haber dicho y punto. este encierro no sirve de nada mientras pueda tener un asidero con la gente que me quiere. Cuando escucho una música lejana, su son inunda mi recuerdos agradables, mi mente se deleita y coreo enfermo de placer. La noche se ensancha y la fauna nocturna echa andar su maquinaria sensitiva. Los astros coquetean en el infinito y juegan, se mezclan y con sus deslizamientos, sus malezas y sus gestos cósmicos engañan la ciudad, las habitaciones vecinas y el gran edificio que separa mi vida de los cuerdos.

    En la Sala de Emergencia Carmen conserva su escondite. Cuando ella lo desea me enreda en sus jugarretas y cuando no hay novedades forcejeamos. Ella me habla de su otra vida; considera que la maldad entre la gente debe, como ella lo practica, hacer cambios violentos y pactar un viaje sin retorno a la lujuria. Yo no le hago caso, pero cuando la penetro gime, llora y dice nombres que escapan de mis dominios.

    Peleo con disfrazados de blanco porque tratan de amarrarme a la fuerza. Uno de ellos, obstinado de verdad, me aplica una de luchador y me inyecta algo que me deja adormecido. Me dice: "Matoncito, matoncito, qué debil eres".

    Esta noche es noche de Carmen. Mi fórmula de placer aún no viene. la espero con ansiedad, alebrestado. Nos separa un muro de enfermo paciente, de paciente. Siento rabia, terrible rabia. Imagino a los otros hombres: la desean. La quiero desaparecer del mapa.

    Los verdugos de este maldito lugar van a terminar por acabar con lo poco que me queda de cordura, me dejaron quieto, manso, como sin vida. Hoy no viene mi puta gorda, necesito el armamento bueno para estos salvajes. Carmen no podrá embarcarme.

    Vuelve mi remedio. Parece una diosa china. Desliza su sombra entre los pasillos: "Soy la que esperas", me dice y no me sale la voz. Embriaga, serena; coinciden las cosas llamadas a ruegos y veo todo claro, enloquezco, muero de amor; descubro que no tengo vida sin ella. se desata la tormenta.

    Nadie me hace compañía. Relampaguea. Alguien llora. Mi puta gorda no ha vuelto. El frío muerde mi piel. Una mirada muerta no habla. Las puertas no se abren a media noche. Dentro de mi crece el odio, se amalgama. La compra de los coitos es un mercado que sacia mi aventura. Eso ya es otro cuento.

    Cuando se vaya el médico de guardia ella vendrá en mi búsqueda. hará de la impaciencia un encanto. Y se esfumara de la habitación antes que amanezca. Ella me embrujó con sus deliciosos tratamiento de apetitos sexuales.

    Ya todo entró en el orden de siempre. Suenan las puertas. Me desdoblo en la oscuridad y salvo los muros. Delira con la maquinaria imaginaria que depara esta noche de fiero temporal. Eres como de otro mundo. La arropo con mis caricias. Le hago el amor hasta en las entrañas. Su piel tersa acepta la rudeza de mis manos; deja escapar algunos retozos y sus palabras especiales como el medicamento. mi cita nocturna se hace inolvidable, la de ella, irreal. La vuelvo loca. La tiranizo. Se bambolea. No detiene sus manos como arañas en carrera. desfallece. me vulevo otro frente a su cuello desnudo. lo aprieto. Soy un demonio sin control. Carmen agoniza entre mis brazos y no lo puedo evitar.

  • CARORA TRADICIONAL

    La mejor maravilla que el Todopoderoso dejó a los caroreños no ha sido la fantasía, sino la creación. Podemos aclarar que esto lo podemos notar en cada sitio donde la realidad toma ese espacio mítico: el peor aporte de gobierno alguno fue la satanización de la curvas de San Pablo, legando la autopista y acabando con el mito que ocasionaba una travesía por la desaparecida arteria vial, donde la despedida se veía rodeada de un extraño ritual que abarcaba la despedida romántica de toda la familia.

    Todavía existen personas que atribuyen a la desaparición del Diablo de Carora a la aparición repentina de la autopista Barquisimeto-Carora, otros, argumentan al excesivo malestar del ánima de Domingo Sánchez. Estas invenciones, muy serias por cierto, no han dejado de ser ciertas pero fueron diezmando mitos articulados en la tradición de dicha región. Con la creación de la nueva infraestructura el usuario de las curvas de San Pablo se vio huérfano de una gran actividad artesanal, de un paisaje hermoso y de las exquisiteces gastronómicas de esta ruta turística larense, además los habitantes emigraron por la pérdida de su principal fuente de ingresos. desde la apertura de aquella carretera antigua a la más moderna existía un eslabón muy amplio de infinitas historias, se ocultan mil y una leyenda fascinantes; las mil maravillas, entonces, llegaron primero por el viejo camino, por el viejo itinerario.

    La fantasía es entonces un aporte de la creación de los escritores caroreños; también la historia del sobador, la malicia de los seretones y la violencia de los jurngos; bastaría saborear la tentación de indagar en la tradición oral en las barriadas de esta hermosa urbe o en las páginas fantásticas de las colecciones del Diario de Carora: mucho mejor que la lectura de cualquier obra barroca. Pero la costumbre se ha mantenido de una manera sostenida desde los siglos anteriores hasta el nuestro, y sin embargo, algunas personas se mantienen incrédulas, pese a algunos hechos acontecidos recientemente, cuando los agentes policiales no pudieron resolver un caso donde quedaba o existió la Casa del Diablo, el seretón estaba tan enfurecido que no se dejó ver y los objetos volaban por los aires como en las películas de misterios hollywoodenses o relñacionadas con los postergeist; los veladores del orden público fueron incapaces de resolver la situación sobrenmatural como ocurren en las composiciones de suspenso de Edgar Allan Poe. Esto coíncide con el proceso de la socialización de la democracia venezolana, es decir de la anunciada revolución cultural de todo el pueblo y no de la élite burocrática que desplazó a la oligarquía perenne. Sobre todo a partir del cambio educativo, en el dominio público, que han hecho creer en esta ley, que no es nada original tampoco, la misma cumple con propuestas y recetas introducidas por la UNESCO desde el siglo pasado como de una serie de concepciones que deberían apuntar hacia el rescate de nuestra herencia de las tradiciones y las costumbres tomando en cuenta el mestizaje cultural, considerando la fuerza enraizada que mantiene despierto en Carora el cronicario patrimonial desde la fase colonial hasta nuestra época.

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