La última década del siglo XX nos ofrece un panorama convulsionado en el plano político. En tiempo record vimos sucederse intentonas, sacudones y cambios de presidente por doquier en una Venezuela con una profunda crisis. A pesar de todo se originó un esplendor creativo que se nota con la fundación de muchas editoriales a lo largo de todo el territorio nacional. Esto abrió las posibilidades a los escritores de las nuevas generaciones para entrar en las ferias que se hacen en el trópico y fuera del continente.
Algunas instituciones han hecho sellos editoriales que han servido para promocionar algunos talleristas, adoptando su lanzamiento en el entorno literario. A llevar propuestas relacionadas con el diario transitar por los género narrativos, ensayísticos y poéticos. En pocas palabras podemos decir que esta generación nos llega por vía de un andamiaje formal, obtenido por una práctica que se viene arrastrando desde los sesenta. Las poblaciones de la provincia no escapan, por supuesto, de esta situación, tratando de competir con medios ínfimos con un objeto pragmático, dando origen a puntos de encuentros creadores de debates obligados, donde lo mejor de todo se lo leva el más cercano a las instituciones culturales de la capital.
El CONAC respondía su ayuda a grupos sobre el cual se hicieron diluvios de subsidios, claro está, que justificaban su labor altruista, pero también dejaba una orfandad en otros centros de generación de cultura y cultivo de las artes en general.
La situación está planteada con los partidarios de la V República en su primera etapa no evidencia sino un cambio substancial, se presagia lamentablemente, para tratarlo en forma esperanzadora, una apariencia derivada de una tal revolución virtual. Viéndose por tanto los mismos vicios y errores cuestionados por los salvadores de la nueva patria. Situación muy interesante para asumir el aparecimiento de otra motivación y de una fuente temática, que buscará, si se nos permite imaginar, un estadio milagroso en el circo de Chávez, que se abre con una distorsión indeleble de la realidad. Los planteamientos que sostienen los seguidores del gobierno, sumado al tira y encoge de la información, sumado al retorno de ideologías nada clasificables, son las mismas de las erráticas de hace décadas cuestionadas por todos los que militamos en la “izquierda”, ya que lo tanto pregonábamos como los Testigos de Jehová se quedaron en simples argumentos o en el peor de los casos, en un modelo desaliñado mediador del más terrible fracaso, para perderse en el fondo de las imágenes dialécticas que caracterizan a un partido hegemónico estancado en un sueño cubano. Esta asimilación maravillosa, en alguna ocasión sufrida por el navegantes genovés en su paso por el trópico, debe encontrar como debemos esperar un reflejo no condicionado, por supuesto, que se traduce en una vuelta a todos estos años que dejamos atrás, un país mal gerenciado y atrofiado por el peculado de sus riquezas.
De esta imaginación de un país sumido en las maravillas de Alicia, con unos actores caracterizados por escuchar una avalancha de idioteces y de otra parte, por unos seres que permanecen en el más fiel de los engaños, nos queda el grato sabor de ver mutilado el edén onírico de los demás. La verbolabia gubernamental nos lleva hacia la ruta de novedosos caminos poblados en hiedras, donde se plantea una “revolución cultural” en condiciones reaccionarias, con ataques a los Zapatas y a los Ibsen Martínez.
Dentro de estas circunstancias emerge Leonardo Pereira Meléndez, víctima de una confabulación política, siguiendo los pasos de Juandemaro Querales, Guillermo Morón, Luis Beltrán Guerrero, y el pensador por excelencia Chío Zubillaga Perera. Como podemos apreciar la quiebra partidista adeco-copeyana, no se caracteriza por un respaldo ideológico a Chávez, más bien se debe a un rencor hacia los últimos gobernantes por haber sumido al país en la miseria aparente con su serie de desaciertos.
A través de las inquietudes intelectuales es que se establece un vínculo solidario entre Juandemaro Querales y Leonardo Pereira Meléndez. Situación muy importante, porque desde allí se crean lazos ideológicos, desde donde se va tejiendo una tutoría literaria, un encuentro con los escritores que formaban parte de nuestros lectores míticas, llevándolo por un plano creativo, que lo conduce a militar en un lenguaje y estilo propio que puede observarse en sus publicaciones, donde muestra las enseñanzas de Eddy Rafael Pérez, y las tertulias de Querales y Núñez Silva. Sus encuentros con la poesía y la fábula creada por el narrador de postín, hablan claramente de la prestidigitación literaria de este hombre que tiene como oficio el derecho. Eddy Rafael Pérez nos manifiesta, sin reticencia lo siguiente:
“La poesía de Leonardo Pereira Meléndez tiene el don de comunicar vivencias, sueños y preocupaciones de un hombre de estos tiempos. Se revela allí, lo que acontece en el mundo lejano y cercano” 1
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1 Pereira Meléndez, Leonardo. Confesiones a media Luna. La Victoria, Editorial Berkana. 1999, p.7